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BIOGRAFÍAS DE SAN FRANCISCO JAVIER

 

ÍNDICE

 

NAVARRA: LAS RAÍCES (7 de abril de 1506)

FRANCISCO DE JASSO Y DE XAVIER (1530-1536)

ETXABERRI – EXABIERR – XAVIER

LA FAMILIA JASSO – XAVIER

LA TRISTE MARYA D’AZPLYCUETA (1512-1524)

FRACISCO XAVIER SE DECIDE (1524-1525)

PARÍS: ESTUDIOS Y VOCACIÓN I (1525-1526)

PARÍS: ESTUDIOS Y VOCACIÓN II (1526-1536)

ITALIA

VENECIA (1536-1537)

SACERDOTE (1537)

ROMA (1537-1538)

EL VICARIO DE CRISTO (1538)

EL FUTURO PROVINCIAL DE ORIENTE (1539-1540)

JESUITA EN MISIÓN (1540)

LA INDIA

DE LISBOA A GOA (1541-1542)

LAS INDIAS… Y MÁS ALLÁ (6 de mayo de 1542 al 3 de diciembre de 1552)

MISIÓN A LA INDIA MERIDIONAL (1542-1545)

ORACIÓN JUNTO AL APÓSTOL (de abril a agosto 1545)

LAS MOLUCAS

MISIÓN A INDONESIA (1545-1547)

RETORNO A LA BASE: GOA (1548-1549)

JAPÓN

MISIÓN A JAPÓN (1549-1551)

POR ÚLTIMA VEZ, GOA (1552)

CHINA

MISIÓN A CHINA (de mayo a noviembre 1552)

SANCIAN (3-12-1552)

GLORIFICACIÓN DE FRANCISCO DE XAVIER

BIOGRAFÍAS

 

NAVARRA: LAS RAÍCES (7 de abril de 1506)

La familia de Javier procede de todos los puntos de Navarra. De Pamplona vino a Javier su padre don Juan de Jaso, Alcalde de Corte Mayor y consejero de la Reina Doña Catalina y de su esposo Juan de Labrit. Su madre, María de Azpilcueta y su abuelo, Martín de Azpilcueta, provenían del Baztán. El linaje de Azpilcueta era más rico en valores humanos que en bienes materiales y se preciaba de haber conservado y transmitido la fe cristiana desde antes de Carlomagno. Jasos y Atondos, togados, y Azpilcueta y Aznarez, caballeros, eran los cuatro linajes reunidos en el castillo de Javier.

Juan de Jaso tuvo cinco hijos. La mayor, Ana, casó con Diego de Ezpeleta, señor de Beire. Magdalena fue dama de Isabel la Católica; de gran belleza, fue llamada la azucena de Javier, dejó la corte, profesó como clarisa en Gandía, y murió en olor de santidad. Miguel, el mayorazgo, casó con doña Isabel de Goñi y Peralta, hija del señor de Tirapu. Juan el cuarto, fue capitán, casó dos veces, y de él descienden los condes de Pañaflorida, un título nobiliario vinculado ala Ilustración vascongada. Por fin, el martes de la Semana Santa, 7 de abril de 1506, nació en una habitación del ala occidental del castillo el quinto hijo, Francisco y fue bautizado por el vicario don Miguel, en la iglesia parroquial de Santa María.

Las primeras palabras que Francisco aprendió de labios de su madre fueron en vascuence, la lengua que más tarde proclamaría como suya en el corazón de la India y en la que se cerraron sus labios moribundos, mientras deliraba en las playas de Sancián.

El misterioso Cristo del castillo fomentó su devoción a la Pasión, aumentada luego con los años, y en la iglesia parroquial dedicada a Santa María adquirió esa devoción apasionada y particularmente española a Nuestra Señora.

Vivió la toma de Navarra por Fernando el Católico. Murió su padre y con él se desplomó la fortuna.. A la edad de diez años tuvo que ver como era desmochado el castillo. Pusieron guardas en su casa. Les talaban los bosques y los almadieros no tuvieron que pagar más tributos.

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FRANCISCO DE JASSO Y DE XAVIER (1530-1536)

Francisco de Xabier era ya “Maestro en Artes” por la Universidad de París (marzo de 1530). La nobleza de su sangre y las múltiples relaciones de familia podrían abrirle un camino de triunfos. El doctor don Martín de Azpilcueta, de tanto prestigio ante él, podría ser su modelo.

Muchos de los “beneficios” posibles estaban reservados a la nobleza. Era indispensable homologar su legitimidad nobiliaria. El 13 de febrero de 1531 presento se en París al notario público Iñigo Ladrón de Cegama. “El muy noble Francisco de Jasso y de Xabier, maestro en artes, clérigo…” le requirió para que extendiese un poder, en virtud del cual se negociaran del Consejo Real y de la Corte Mayor de Navarra “sentencias y letras testimoniales conforme al fuero” acerca de que por su origen y dependencia de padre y madre a sido y es hijodalgo e gentilhombre, noble, por tal ávido, tenido, reputado”.

El propio Xabier nos da exactamente su árbol genealógico: Hijo legítimo y natural de don Juan de Jasso y de doña María de Azpilcueta, su legitima mujer, señores de los lugares y palacios de Xabier, Azpilcueta e Idocin: los cuales fueron hombres “hijosdalgo, gentiles hombres y señores de los dichos palacios y lugares”.

Don Juan de Jasso fue hijo legitimo y natural de Ernalt Pérez de Jasso; y de Guillerma de Atondo, su legitima mujer. Estos fueron nobles e hijodalgo.
Doña María de Azpilcueta fue hija legítima y natural, de legítimo matrimonio, de Martín de Azpilcueta -señor de Azpilcueta-, y de doña Juana de Aznárez, que también eran señores del lugar y palacio de Xabier.

Todos ellos tuvieron sus armas conocidas de los respectivos palacios. Las de Azpilcueta son: un tablero de ajedrez, blanco y negro. Las armas de Jasso son: un oso, al pie de un encino, “en trabiesse” en campo de argent. Las armas de Xabier son: un creciente de luna estacada, blanca y negra, en campo de gules. Las armas del palacio de Atondo son: dos bandas de oro en campo de azul, entre las bandas dos lunas crecientes.

Francisco de Jasso y de Xabier, residente en París, pide y suplica ante el Notario quieran recibir información. Constando que así sea, quiere que le den y le declaren por hombre noble e hidalgo de padres y abuelos, descendiente de nobles e hidalgos que fueron señores de Azpilcueta, Xabier e Idocin.

Hecho en Pamplona el proceso a partir de agosto de 1535, finalmente el Emperador, la Reina y el Rey “por esta nuestra sentencia definitiva pronunciamos y declaramos al dicho don Francisco de Jasso y de Xabier por hombre noble, hijodalgo y gentilhombre de su antiguo origen y dependencia por recta y legítima línea…”. Don Francisco podrá llevar las armas y las insignias correspondientes. Era el año 1536, cuatro de agosto. En Pamplona.

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ETXABERRI – EXABIERR – XAVIER

Los romanos conocieron esta región, dejaron recuerdos en ella, construyeron caminos. Advirtieron un altozano, con una magnífica cornisa de piedra. Edificaron allí un castillo y un predio: el Castelaz (¿Gaztelaiz?).

Tras los romanos vinieron otros pueblos, más combatientes… Era menester montar una vigilancia más próxima. Una peña puntiaguda sobre el Río del Arco señaló la base para una Torre: sería el siglo XI. La inspección de las construcciones erigidas en torno a ella nos da la historia de la casa Nueva, del Palacio Nuevo, de la Etxaberri, Txabier. Cerca habla también una baseliza = ermita, que una corruptela trasformó en “basílica”.

La construcción inicial fue completada en los decenios siguientes. Mejor fortificable hacia el norte, donde tenía un magnífico foso natural; pero menos habitable a causa de los vientos fríos del norte. Más habitable hacia el costado sur; buen sol, accesos a pie llano; pero más vulnerable, y por lo mismo más necesitado de defensas: foso, puente levadizo… y hasta dos torres redondas: una al Este, la de Undués; otra al Oeste, la del Cristo.
Mn. Pierres de Peralta, en lucha con los Artieda, -que arteramente se habían hecho dueños de Xabier-, arrasó el Castillo en 1456. La fortaleza quedó “perdida y destruída”; el lugar, “destruido y quemado”. El pueblo se dispersó.

Pero a fines del siglo XV un gran señor entraba en el Castillo. El doctor don Juan de Jassu, señor de Idocin, se había casado hacia 1483 con María de Azpilcueta, heredera del Castillo. El doctor reconstruyó esmeradamente el Castillo. Habilitó el “Palacio Nuevo” para residencia familiar: habitación matrimonial, comedores, salas, una capilla familiar -mencionada por testigos que habían pasado por el palacio-. Tal vez la capilla de San Miguel. Seguía en uso señorial buena parte del “Castillo Viejo”: su gran sala… La capilla del Cristo.

La historia siguió adelante… Cambió el sentido del Palacio Nuevo. Se acumularon desgracias sobre el Señorío de Xabier. El castillo fue demolido en 1516 por orden del Cardenal Cisneros.

La historia siguió y puso en los altares a un hijo del Palacio Nuevo (1622). La habitación en que naciera, en la parte alta del palacio, fue transformada en “santísima capilla”. La iglesia parroquial fue totalmente reconstruida: la actual data a partir de 1702, se emplearon en ella los materiales de piedra y madera de la antigua parroquia. Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX desapareció la capilla dedicada al Santo, que conservaba los muros del palacio. Todo fue derruido para construir la Basílica actual, honrada con tal titulo por León XIII el 17 de diciembre de 1901.

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LA FAMILIA JASSO – XAVIER

En línea con los Agramonteses.

Los antepasados del doctor don Juan de Jasso, se habían trasladado ya para 1435 desde Jassu a San Juan de Pie del Puerto. Dos de los hijos de Pedro de Jassu – Arnalt Périz, el segundo; Bernardo, el menor – se vinieron a Pamplona.

Arnalt entró al servicio del Príncipe don Carlos; y en 1441 casó con Guillerma de Atondo: Arnalt entraba así en la alta nobleza Navarra. Tuvo con ella seis hijos, entre ellos Juan, el futuro “Doctor Jasso”.

Don Carlos fue proclamado en 1457 Rey por don Juan de Beaumont contra el padre del Príncipe, el Rey don Juan de Navarra y de Aragón. La lucha venía de atrás. Arnalt se puso de parte del Rey don Juan, y formó partido con los agramonteses. El soberano le recompensó, y Arnalt al morir hacia 1472, dejó fundados dos mayorazgos, uno para cada uno de sus dos hijos Pedro y Juan. Guillerma de Atondo, en su testamento de 10 de noviembre de 1490, dejó en efecto al doctor don Juan de Jassu el Señorío de Idocin con su “casa e palacio”.

Fracasado en 1475 un intento de los agramonteses por echar de Pamplona a los beamonteses, -forzando para ello la entrada de la gobernadora doña Leonor-, Arnalt y sus dos hijos hubieron de exiliarse a Tafalla, cerca del palacio real de Oñite.

El Rey don Juan, a 10 de julio de 1478, hizo merced a don Jassu “de todos los cuarteles e imposiciones reales sobre la villa de Idocin”. En señal de pleno señorío, el doctor hizo levantar en Idocin un palacio señorial con su torre fuerte.

Señores de Xabier, Idocin y Azpilcueta.

El doctor Juan de Jassu casó hacia 1483 con María de Azpilcueta y Aznárez. María residía hacia unos años en Sangüesa en el palacio de Pedro Ortiz. María aportaba al matrimonio el Señorío de Xabier. Muerto el padre de ella en 1502, también aportó el Señorío de Azpilcueta con su correspondiente palacio. Instalado el doctor en Xabier, cuidó con celo del edificio del castillo, reconstruyéndolo de manera que se completaran las construcciones, especialmente del palacio nuevo, y constaran en numerosos puntos las armas de Xabier. Del doctor es el triple escudo que aparece sobre el portón de dovelas en la entrada del castillo. El doctor imprimió en todo el sello de su distinción señorial.

Del matrimonio de don Juan y doña María nacieron: Magdalena, célebre por su gran belleza: dama de honor de la Reina de Castilla, Isabel la Católica. Pero ya antes de 1504 había entrado en el Monasterio de Santa Clara de Gandía, en el que fue abadesa largos años.

Ana, nacida hacia 1492; en 1512 casó con don Diego de Ezpeleta, señor de Beyre. La fastuosidad de las fiestas eran signo del apogeo del doctor Jassu. Murió en 1535.

Miguel, el futuro señor de Xabier. Nació hacia 1495. Casó hacia 1527 con Isabel de Goñi y Peralta, y murió el 11 de febrero de 1542.
Juan, llamado “El Capitán”, señor de Sotés, nació hacia 1497, casó en 1528 con Juana de Arbizu. Muerta ésta en 1548, casó de nuevo con Lucía de Aguirre y murió en 1556.

Francisco, nacido el 7 de abril de 1506. Murió la madrugada del 3 de diciembre de 1552.

El benjamín de los Jasso-Azpilcueta.

Francisco fue bautizado en la pila bautismal -que se conserva- de la parroquia. Familiarmente se le llamó Francés. Entonces su madre doña María tenía 42 años. También ella habla nacido en el castillo aunque procedente de Azpilcueta, en el Baztán. Era 7 de abril, martes Santo, cuando Francés nació en el piso superior del “Palacio Nuevo”. Francés nunca conocería a su hermana mayor Magdalena, religiosa en Gandía. Ana dejaría el castillo cuando Xabier tenía 6 años. Su padre don Juan vivía más en Pamplona que en el castillo. En cambio, vivía en él su tío don Martín Azpilcueta de Lezaun, primo de la madre, que un día hará las veces de doctor Jassu. Violante, hermana de María la señora del castillo, también vivía en él desde que muriera su padre, el Alcayde de Monreal. Se dedicaba a la piedad y a la caridad.

El doctor no se sentía en Xabier descentrado de su vida política. El castillo, aparte de su posición estratégica, era punto de una línea política, que arrancando desde el palacio de Olite, pasaba por Sangüesa: en Sangüesa estaba en 1503 la familia real cuando murió el príncipe Andrés Febo, de año y medio de vida, cuyo cadáver pasó por Xabier hacia Leyre; y en Sangüesa nació el príncipe Enrique. En Sangüesa se tuvieron las Cortes. La línea política continuaba desde Sangüesa hasta Leyre. El doctor se sentía centrado y podía dedicarse a su familia.

Los señores de Javier cuidaron de la iglesia parroquial y de la Abadía. De ésta hay noticias desde el siglo XIII. Sin embargo, don Juan y doña María reorganizaron la Abadía, ya en cuanto a la construcción y habitabilidad, ya también en cuanto a los estatutos por los que se regiría la clerecía. Estos ordenamientos influían, a su vez, en la profunda vida religiosa de la familia. También cuidaron de que en dentro del Palacio Nuevo hubiera una capilla familiar, adornada con los escudos de la familia. El Palacio Nuevo era el ámbito en que trascurría la vida familiar de Francés. Bien acondicionado, contaba todavía, dada la categoría del doctor Jassu, con piezas importantes en el castillo Viejo; con la sala grande, apta para las grandes reuniones del señor; y sobre todo, con la capilla del Santo Cristo, que ocupaba la Torre redonda del Oeste. Esta capilla tenía y tiene un extraño decorado, una como “danza de la muerte”, representada por imágenes esqueléticas, que recorren las cuatro paredes de la Torre. Algo similar hubo en el Convento de La Merced, Pamplona, reedificado en 1460. El doctor Jassu lo conocía. El Convento fue mandado derruir en 1521. Las pinturas de la Torre del Cristo son anteriores al nacimiento de Francés, de fines del siglo XV.

En el centro del ábside, en la curvatura de la torre, un Cristo, de tamaño casi natural, talla de nogal, del siglo XIII. Imagen maravillosa en su majestad, austeridad y “pasión”, que aun en los actuales visitantes deja imborrable recuerdo por su inefable sonrisa. Este Cristo tiene mucho que ver con Francisco y con toda la tradición de Xabier durante estos últimos siglos.

Los estudios de Francisco.

Su primera y original instrucción le fue proporcionada en su propio palacio, ya por el ambiente culto y señorial impreso en él por el doctor de Bolonia, ya por los muchos ilustres visitantes que se acercaban o permanecían allí -no todos tan letrados, por ejemplo, Esteban de Huarte apenas sabía leer ni escribir-; ya especialmente por la clerecía que habitaba en la próxima Abadía.

Hay muchas tradiciones que señalan para Francisco diversos centros de estudios: Sangüesa, Leire, Tafalla, Pamplona… Bien examinado el proceso de hidalguía entablado en Pamplona en 1535, a petición de Xabier desde París, no se advierte en los testigos momento alguno en que echaran de menos a Francisco en el palacio. Uno le “vio… vivir y residir con los dichos sus padres…; estaba en casa y palacio de Xabier”. Otro “por muchas veces solía ir a la casa y palacio de Xabier, donde ellos al tiempo vivían y hacían su residencia… el dicho Francisco… Solía vivir y residir con sus padre y madre en la dicha casa y palacio de Xabier, siendo muchacho de poca edad…”. Esteban de Huarte, señor del palacio de Zuasti, primo carnal de Francisco: “vivió con ellos / en Xabier / por tiempo de cinco o seis años, poco más o menos; y después… por muchas veces solía ir este testigo al dicho palacio…; sabe y vio que el dicho demandante solía vivir y residir en la dicha casa y palacio…”. Juan de Azpilcueta de Sada: “conoce el dicho don Francisco de Xabier, desde que era niño y que estaba en la teta de su nodriza a esta parte, y por habla, vista y conversación con él tubo hasta que se ausentase de este reino para los estudios…”. “este testigo por muchas veces se halló en la casa y palacio de Xabier como pariente de casa… Le vio criar en casa, así estando con la nodriza en la teta, como después en vida y mientras vivieron los dichos sus padre y madre, y hasta que fuese a los estudios”. Concreta el testigo Sancho Ramírez, de Peralta: “…Puede haber quince años de tiempo, poco más o menos, que este testigo estuvo en el dicho palacio de Xabier en compañía de la dicha María Azpilcueta… en guarda de la dicha casa, con otros compañeros, por mandado de los gobernadores de Castilla… por tiempo de tres meses continuos… y al tiempo que finó sus días el dicho don Juan de Jasso vio que …Francisco.., estaba en la dicha casa y palacio de Xabier en compañía de la dicha su madre”.

Todo esto hace pensar que Xabier no se apartó de su madre. Lo que estudiara, lo estudió con los medios que tenía en el castillo. Al llegar a París hubo de matricularse con los que se iniciaban en la vida universitaria, con los latinistas de Monteagudo.

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LA TRISTE MARYA D’AZPLYCUETA (1512-1524)

En poco tiempo dio un vuelco la vida del palacio de Xabier. El rey don Fernando, quien siempre aspiró a la anexión de Navarra, había declarado la guerra a Francia en razón de la conquista de Guyena. Pidió paso por Navarra. El doctor Jassu se vio envuelto en negociaciones ante don Fernando. A la vez el rey don Juan negociaba con Luis XII. Don Fernando dio al Duque de Alba la orden de avanzar, entró por Alsasua, y el 25 de julio de 1512 ocupaba Pamplona. Nada valieron las negociaciones del doctor. La reina Catalina huyó. El rey don Juan, establecido un tiempo en Lumbier, hubo de abandonar. La turbulenta vida político-militar se reflejaba en Xabier.

Todo eran dificultades, Idocin se rebelaba. Particularmente dolió al doctor Jassu la negativa de todo modo de señorío en El Real de Sangüesa. Apenado entre tanta dificultad -y no pocas traiciones- murió el 16 de octubre de 1515.

Nuevas esperanzas para el castillo de Xabier… Muerto don Fernando pensó el rey don Juan llegado el momento de la reconquista. Sus tropas entraron parte por el Roncal, parte por Roncesvalles. Xabier se veía entre guerras. El Arzobispo de Aragón atacó a Sangüesa, ocupó Xabier… y doña María hubo de mirar con horror la ocupación del castillo por una soldadesca que destruyó el magnifico archivo del doctor Jassu.

Nuevos fracasos. Vino el “castigo”. Cisneros fue ahora inexorable. Había que destruir castillos… y armar a Pamplona. Xabier, que había albergado a quienes se reunían en conjura contra Castilla, hubo de ser demolido. Doña María y Francés vieron con horror cómo entre el 12 y el 22 de mayo de 1516 era demolido el castillo. Se toleraba cierta habitabilidad dentro de él.

Al cobrar doña María ciertos sueldos debidos al doctor Jassu, firmaba el recibo textualmente: “La triste Marya d’Azplycueta” (15 enero 1517).

Nuevas esperanzas… Surgió en Castilla la guerra de las Comunidades. El virrey de Navarra envió tropas a Castilla. La fortificación de Pamplona no estaba terminada. Atacó Asparros, venció en Pamplona: toda Navarra estaba en armas, dividida entre beamonteses y agramonteses. Asparros llegó a las puertas de Logroño. Entraron a operar en contra tropas de Aragón. Asparros se vio en peligro, inició la retirada, le presentaron batalla entre Esquiroz y Noain y fue vencido el 30 de junio de 1521. Los dos hijos de doña María combatían. Francés seguía en casa. Situación angustiosa. Miguel se había encerrado en Maya. En Azpilcueta nada quedaba de la Torre de doña María. Juan apoyaba a Maya desde fuera. Fueron derrotados. Miguel, hecho preso, estaba en la prisión de Pamplona. María supo alborozada que había huido. Los dos hermanos estaban en Fuenterrabía. El arruinado palacio de Xabier vivía en zozobra perpetua. Al fin… se consiguió una honrosa negociación en Fuenterrabía. Miguel y Juan salieron con honor. Finalmente retornaron a Xabier. Ahora ya en paz.

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FRACISCO XAVIER SE DECIDE (1524-1525)

1) Volvían a Xabier los dos combatientes de Fuenterrabía. No habían sido vencidos. Retornaban con honor. Habían negociado: el Condestable de Castilla por una parte, y don Pedro de Navarra -representado por Valentín de Jasso y Bertol de Elbayo – por la otra. En el acuerdo del 19 de febrero de 1524 constaba: “Su majestad mandará dar asiento al señor de Chabier ya su hermano Joan de Azpilcueta… conforme a cada uno según la calidad de sus personas…”. El 24 de abril dio el Emperador su perdón general que mencionaba primero a don Pedro de Navarra, y a continuación “al señor de Xabier, Johán de Azpilcueta su hermano…”.

María ya no estaba tan triste. Tenía en casa a sus tres hijos. Francisco había estado siempre junto a ella. Los otros dos… finalmente estaban juntos con ella. El conde de Miranda, virrey de Navarra, estaba dispuesto a devolver lo suyo a los señores de Xabier. Protestaran o no los beamontes, la señora de Xabier volvía a ser señora, se la respetaba…

2) Faltaba un rito: Miguel y Juan habían de ir a Burgos a jurar su fidelidad al emperador. Fue el 3 de mayo. Allí estaban don Pedro y don Francisco de Navarra, el Prior de Roncesvalles, el señor de Peña, “Miguel de Xavier, cuyo es Xavier”. También Juan de Azpilcueta el de Sada… El Arzobispo de Toledo les tomó su juramento. Juraron ser en adelante “muy leales vasallos y servidores de Sus Majestades y de su Corona Real…”.
Perdonados y amigos, volvieron a sus tierras los caballeros navarros.

3) Francisco oyó a sus hermanos mil anécdotas de estos doce años épicos, desde que su padre el doctor Jassu volvió de Castilla fracasado en su embajada. Francisco se acordaba del gran diploma extendido en Bolonia para su padre: lo miraba complacido, podría ser un indicador de ruta para él.
Francisco reflexionaba no menos en el enorme influjo que el Doctor Navarro, su pariente don Martín, había ejercido para que todo tuviera un feliz desenlace.

4) Para Francisco… había tres caminos. El del “derecho”, el que siguiera su propio padre; el de “las armas”, seguido por sus hermanos Miguel y Juan. El de la “razón serena”, profesado en cátedras y en reflexiones sobre conductas humanas -de reyes y de vasallos- por don Martín, el Doctor Navarro.
La vida del palacio recuperaba su ritmo. Poco a poco se recobraban los derechos. Los almadieros dejaban su tronco. “El Real” de Sangüesa volvía, en cuanto correspondiera, a los Xabier. Los pleitos de Idocin se encauzaban…

Era impetuoso, valiente, lanzado. Pero reflexionaba. Cuánto más hubiera valido el camino negociador del doctor Jassu.

5) Francisco quería estudiar. Iría a la Universidad. Se lo dijo a su madre. Lo justificó ante sus hermanos. Xabier se iba a París.

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PARÍS: ESTUDIOS Y VOCACIÓN I (1525-1526)

Todo parecía invitarle a la vida militar. Pero Francisco marchó a París el año 1525, después de cursar estudios de humanidades en diversos puntos de Navarra: Leyre, Tafalla, Sangüesa y Pamplona.

A partir de septiembre salió de Javier, recorrió a caballo las alturas, cruzó Sangüesa y se unió al pequeño grupo de estudiantes navarros que hacían el largo viaje a París; en el barrio latino vivió Francisco durante los once años siguientes.

El colegio de Santa Bárbara, en el que entró Francisco, era relativamente moderno. Francisco, vestido con largo hábito negro, pagaba por su manutención y residía en el colegio. La habitación que compartía con el rector y otros tres estudiantes, apenas tenía otros muebles que los jergones de paja en el suelo. A las cuatro de la mañana un estudiante tocaba una campana para despertar a todos. Una hora más tarde se tenía la primera lección. Después de misa se desayunaba con un panecillo caliente, y luego tenía lugar la clase principal del día… A las once, profesores y estudiantes comían juntos en el refectorio, sirviendo los estudiantes que les tocaba el turno. Mientras comían se leía la Biblia o algunas vidas de santos. La clase de la tarde era a las seis. A las nueve se tocaba a silencio, aunque era posible obtener un permiso especial hasta las once para quedarse a estudiar.

Los martes y jueves eran días de recreo, y en las tardes de verano practicábanse juegos y deportes a la orilla izquierda del Sena. Francisco destacaba como atleta.

Pedro Fabro, hijo de humildes aldeanos saboyanos, llegó a París el año 1525 y le correspondió el mismo cuarto que a Francisco. Escasa afinidad podía haber al principio entre el altivo y noble navarro y el pastor; sin embargo, ambos ardían en deseos de saber. Juntos los dos hicieron sus cuatro años y medio de Humanidades y Filosofía, se examinaron para bachilleres en Artes y, un año después, se graduaron para maestros. Entre Fabro y Javier se entabló una amistad íntima y entrañable que no separó su distancia ni la muerte.

Durante la primavera de 1528 y 1529, Francisco se cruzó con un estudiante ya mayor, de pronunciada cojera. Se llamaba a sí mismo “el peregrino”: era Iñigo de Loyola.

En octubre de 1529 comenzó el “peregrino” sus estudios filosóficos, conviviendo con Francisco y Pedro. Luego quedó Francisco sorprendido al enterarse de que aquel tipo excéntrico, que pedía limosna para costearse los estudios, era un noble guipuzcoano, que había sido herido en el sitio de Pamplona y que había pasado los siete años siguientes entre el Monasterio de Montserrat y una cueva de Manresa, en peregrinación a Tierra Santa y estudiando en Salamanca y Alcalá.

Francisco recibió la tonsura en 1531, obtuvo el documento que atestiguaba su noble nacimiento, escribió a sus hermanos pidiendo que solicitasen para él una canonjía en el cabildo de Pamplona: la meta de sus ambiciones. Comentaba sus proyectos, mientras Pedro Fabro, también ambicioso, permanecía en silencio. Pero, en las pausas, la reposada voz de Ignacio repetía: “¿De qué sirve al hombre, Maestro Francisco, ganar todo el mundo si pierde su alma?”.

Francisco e Ignacio se fueron compenetrando más y más. Ya Ignacio había conseguido que Francisco le acompañase todas las semanas a confesar y comulgar en la iglesia de los Cartujos. Día y noche oraba Ignacio por su joven amigo. Oraciones largas, conversaciones íntimas, siempre rompiendo el encanto de los ensueños mundanos: “¿De qué sirve al hombre…?”.

Pedro Fabro, junto con otros cuatro compañeros bajo la dirección de Ignacio, hicieron los Ejercicios Espirituales. Laínez Salmerón, Bobadilla y Simón Rodríguez. Francisco no estaba aún entre ellos.

El día de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto de 1534 en una capilla de Montmartre, ofrecieron su triple voto de pobreza, de castidad y de peregrinar a Tierra Santa.

El día 24 de agosto, Javier, libre de sus clases, se retiró por cuarenta días a una casa solitaria a practicar los ejercicios. La noble generosidad de Francisco y su tremenda capacidad de amor y sacrificio sobrepasaron los límites de la discreción, vengando en su cuerpo atlético todo el orgullo que le producían sus triunfos deportivos.

En otoño de 1536 estalló la guerra entre Carlos V y Francisco I. La estancia de los españoles en París se hizo peligrosa; esto anticipó la expedición a Tierra Santa. El 13 de noviembre Francisco Javier, con sus ocho compañeros, abandonó la ciudad de París y se encaminó a Venecia. Un correo de Navarra le alcanzó para decirle su elección unánime para canónigo de Pamplona. Javier no titubeó, agradeció el beneficio y renunció a su posesión.

La familia de Javier procede de todos los puntos de Navarra. De Pamplona vino a Javier su padre don Juan de Jaso, Alcalde de Corte Mayor y consejero de la Reina Doña Catalina y de su esposo Juan de Labrit. Su madre, María de Azpilcueta y su abuelo, Martín de Azpilcueta, provenían del Baztán. El linaje de Azpilcueta era más rico en valores humanos que en bienes materiales y se preciaba de haber conservado y transmitido la fe cristiana desde antes de Carlomagno. Jasos y Atondos, togados, y Azpilcueta y Aznarez, caballeros, eran los cuatro linajes reunidos en el castillo de Javier.

Juan de Jaso tuvo cinco hijos. La mayor, Ana, casó con Diego de Ezpeleta, señor de Beire. Magdalena fue dama de Isabel la Católica; de gran belleza, fue llamada la azucena de Javier, dejó la corte, profesó como clarisa en Gandía, y murió en olor de santidad. Miguel, el mayorazgo, casó con doña Isabel de Goñi y Peralta, hija del señor de Tirapu. Juan el cuarto, fue capitán, casó dos veces, y de él descienden los condes de Pañaflorida, un título nobiliario vinculado ala Ilustración vascongada. Por fin, el martes de la Semana Santa, 7 de abril de 1506, nació en una habitación del ala occidental del castillo el quinto hijo, Francisco y fue bautizado por el vicario don Miguel, en la iglesia parroquial de Santa María.

Las primeras palabras que Francisco aprendió de labios de su madre fueron en vascuence, la lengua que más tarde proclamaría como suya en el corazón de la India y en la que se cerraron sus labios moribundos, mientras deliraba en las playas de Sancián.

El misterioso Cristo del castillo fomentó su devoción a la Pasión, aumentada luego con los años, y en la iglesia parroquial dedicada a Santa María adquirió esa devoción apasionada y particularmente española a Nuestra Señora.

Vivió la toma de Navarra por Fernando el Católico. Murió su padre y con él se desplomó la fortuna.. A la edad de diez años tuvo que ver como era desmochado el castillo. Pusieron guardas en su casa. Les talaban los bosques y los almadieros no tuvieron que pagar más tributos.

Muy a principios de septiembre de 1425 Francisco partió hacia París. Quizás optó por tomar el camino de Sangüesa, subir por Malpaso, arrodillarse en la Cruceta del Adoratorio… y mirar un momento al castillo. No se veía. Faltaba la torre. Qué vuelco en su corazón a golpe de recuerdos junto a su madre, la triste doña María… La lejanía del doctor Jassu… Los hermanos en combate, o encarcelados, Navarra en pie, Navarra humillada… Tomó el camino de Roncesvalles, no sin mirar de paso al molino de Burguete. En San Juan Pie del Puerto, la residencia de sus abuelos. Un poquito más allá Jassu, la cuna de sus antepasados. Dax, Burdeos, Orleans; y por la vía militar, a París. Tres semanas de camino… y trató de orientarse hacia el Colegio de Santa Bárbara, donde se instaló como pensionista. Un ducado al mes.

Francisco apenas había salido de Xabier. Los tiempos fueron muy adversos para salir a recorrer ciudades navarras. Se quedó con su madre. Junto a ella estudió. Ahora… se iniciaba una vida nueva, un mundo nuevo, con un horizonte…

En sustancia… todo estaba decidido, al menos encauzado, desde que habla recibido la tonsura eclesiástica.

El pergamino de Bolonia para su padre… La figura impresionante del doctor Navarro… A juzgar por las cartas que en 1540 se entrecruzaron entre Francisco, en Lisboa, y el primo don Martín en Coimbra había entre los dos mucho más que un conocimiento de “oídas”. Si bien no sabremos precisar que don Martín pasara por Xabier, el conocimiento entre ambos significaba conversaciones en profundidad. La primera carta de Xabier al doctor Navarro -a nosotros conocida- escrita desde Lisboa (28 septiembre 1540) a Coimbra comenzaba: “Muy Reverendo Señor. Dos letras de V. Merced he recibido después que en esta ciudad estoy, y todas ellas amoris et pietatis erga me plenas… No puedo… corresponder a la mucha voluntad que me tiene…”. Y terminaba así esta carta autógrafa: “Tuus in Christo quoadusque vixerit, Franciscus de Xavier”. No se dice esto de “tuyo en Cristo mientras viva…” si no ha habido alguna relación de intimidad profunda. El doctor le contestó. Francisco le decía el 4 de noviembre de 1540: “Con una carta de V. Merced… mi ánima recibió tanto gozo y consolación, que, después de su visita, a me permultos iam dies optata, cosa no me podía dar más descanso… Tuus in Domino humilis servus, Franciscus de Xavier”.

El influjo de la personalidad de don Martín… fue decisivo. En París se inscribió para dedicar su primer curso al latín y a las letras humanas. Debía completar y ultimar los estudios hechos en el Castillo. En 1526 se matricularla para el curso de Artes.

Su habitación de Santa Bárbara la compartirla con el maestro Peña, más tarde con el Saboyano Fabro, más parte con el guipuzcoano Iñigo. En las manos de Dios… La suerte estaba echada…

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PARÍS: ESTUDIOS Y VOCACIÓN II (1526-1536)

Ingresó en Artes en 1526 bajo la dirección del maestro Peña, con quien estudió a lo largo de su carrera de Artes. Compañero de habitación y de estudios era el saboyano -sencillo hijo de pastor- Pedro Fabro.

En 1527 hubo un acontecimiento político que le afectaba. El 30 de enero celebró el rey de Navarra, Enrique d’Albret, su boda con Margarita de Angouleme, hermana del rey de Francia. El rey Enrique había nacido en Sangüesa tres años antes que Xabier. El doctor Jassu había tenido mucho que ver en aquellos acontecimientos políticos. El 14 de abril hacían el rey Enrique y su esposa, acompañados por el rey de Francia, su entrada solemne en París.
Bachiller en Artes. A principios de 1529 aprobó el examen de Bachillerato en la Rue de Fouarre ante cinco examinadores. Hizo los juramentos acostumbrados, pagó las tasas académicas e hizo junto con otros candidatos los banquetes acostumbrados. Los gastos de Francisco iban ya acumulándose. El señor de Xabier sentía el peso de ellos.

En julio de 1529 había muerto en el castillo doña María de Azpilcueta. Era ya cosa de Miguel atender a los gastos de Francisco. Licenciado en Artes. El 3 de febrero de 1530 comenzó el largo proceso de exámenes. Antes de iniciarlos, los candidatos habían de jurar que habían cumplido los 21 años, que eran solteros, que tenían el Bachillerato y que habían hecho el curso regular de tres años… Tras los primeros exámenes orales ante cuatro examinadores serían más tarde convocados para un segundo examen.

Francisco quedó en el puesto 22 de entre un centenar de alumnos. Su compañero Fabro, en el 24. Eran dos buenos amigos en todos sentidos. Francisco y Fabro fueron convocados, en un grupo de ocho candidatos, para recibir solemnemente la licenciatura el día 15 de marzo de 1530. El acto se celebrarla en el Convento de los Maturinos. Se arrodillaron ante el Canciller. Este pronunció la solemne fórmula: “os doy la licencia para enseñar, regir, disputar y determinar, y para ejercitar en París y en toda la tierra, todos los demás actos escolásticos y magistrales de la Facultad Filosófica”.

Maestro en Artes. Cumplidas las restantes formalidades, le fue otorgado, antes ya del 24, el titulo de Magister. En adelante, don Francisco sería llamado Magister Franciscus. Regente en el Colegio Beauvais ( 1530). Pronto encontró don Francisco un puesto de Regente o Profesor: en el vecino Colegio de Beauvais. Habría de dar tres años y medio completos del curso de Filosofía. Aseguraba el mantenimiento, cultivaba su propio prestigio… y le quedaba tiempo par poder continuar estudiando en alguna de las tres Facultades Superiores. Xabier optó por la de Teología.

Francisco tenía sus dificultades. Ante todo las económicas típicas en todos los universitarios y aun en los profesores recién estrenados. El señor de Xabier, Miguel, no había conseguido todavía poner en orden su hacienda. Podría pensar en suprimir la ayuda al estudiante. El capitán Juan de Azpilcueta estaba muy bien situado tras su matrimonio con Juana de Arbizu: pero no era fácil la comunicación entre París y Obanos.

Había surgido una inesperada ayuda. En su misma habitación del Colegio de Santa Bárbara tenía Xabier desde octubre de 1529 un compañero, un buen compañero, pero extraño: le ayudaba económicamente, e incluso se preocupaba de buscarle discípulos. Xabier reconocería: Iñigo le había “favorecido muchas veces con dinero y amigos en mis necesidades”. Pero era “extraño”. Era un guipuzcoano. Xabier lo había visto mendigar. Supo que se alojaba en el hospital. Pero… había muchos rumores en torno a él. Tenía grupos de amigos a los que reunía determinados días. El propio Fabro, vecino de cámara en el Colegio, parecía entenderse con él. Ahora Iñigo vivía en el mismo Colegio, en la misma habitación de Xabier. Ya no mendigaba. Se buscaba sus dineros por Flandes, para sí y para otros.

Xabier había superado en su primer año graves peligros de inmoralidad, dada la corrupción que entre los universitarios reinaba, incluso entre los profesores. A Xabier lo habían buscado, era un muchacho formidable, de un físico llamativo en su deportividad, en sus saltos… Simpático. Pronto se dio cuenta de la corrupción reinante.

Pero ahora había otros peligros. Los propios estudios le metían en ellos. Xabier, en su carta al capitán Juan de Azpilcueta, lo reconoció más tarde: “El Iñigo se ha ido a causa que yo me apartase de malas compañías, las cuales yo por mi poca experiencia no conocía. Y ahora que estas herejías han pasado por París, no quisiera haber tenido compañía con ellos por todas las cosas del mundo”. París era un hervidero de corrientes “heréticas”. Erasmo y Calvino, los humanistas procedentes de varias universidades, inficionaban las corrientes cristianas clásicas en París… En Santa Bárbara residía con todo honor Nicolás Cop… En 1533 la política religiosa evolucionaba de forma alarmante… “Esto solo -continúa Xabier en su carta a Obanos- no sé cuando podré yo pagar al señor maestro Iñigo, que él fue causa que yo tuviese conversación ni conocimiento con personas, que de fuera mostraban ser buenas, y de dentro llenas de herejías, como por la obra ha parecido”.

Poco a poco llegaron a intimar. Hablaron ya de todo. Iñigo era un Loyola. Francisco era un Xabier. Salió a colación don Fernando el Católico, don Carlos, el duque de Nájera, Pamplona… Xabier recordaba haber oído mencionar aun “gentilhombre de Azpeitia”, que merodeaba por Pamplona; al hermano del señor de Loyola había socorrido Esteban de Huarte, señor de Zuasti… Iñigo recordaba haber oído hablar del doctor Jassu: cuando éste acudió a Valladolid, a las Cortes en 1512, para negociar una solución al problema navarro creado por la invasión del duque de Alba, Iñigo estaba por allí.

Xabier se abrió enteramente a Iñigo. Decía en carta a Obanos: “Del él V. Merced se podrá informar de mis necesidades y trabajos mejor que de persona del mundo, por estar él al cabo de mis miserias y lacerias más que hombre del mundo”.

Iñigo seguía hablando. Habló de unas experiencias que tuvo en Loyola tras la herida, de las que tuvo en Manresa… Fabro estaba al tanto de ellas: pues, a su modo, había pasado por ellas. Xabier estaba dispuesto a intentarlo, pero tenía su compromiso con su Regencia en Beauvais.
Xabier comenzó a frecuentar las reuniones semanales en los Cartujos. Fabro iba a ellas. Había también otros, otros que también habían hecho la misma experiencia como Fabro, la que hiciera Iñigo en Loyola y en Manresa.

Xabier cambiaba. Era notoria su nueva orientación. Se la notó su criadillo Miguel de Landivar, de Zugarramurdi. Dio se cuenta del radical cambio de su amo. Temía verse privado de su puesto al servicio de él. Surgió en su corazón un odio ciego contra Iñigo, el seductor de su patrono. Decidió matarlo. Subía ya a la habitación que Iñigo tenía en la cuarta planta. Escaleras arriba… oyó de pronto una voz amenazadora: “¡Infeliz de ti ¡ ¿Qué pretendes hacer?’. Aterrorizado… desistió, se echó a los pies de Iñigo.

Francisco reflexionaba… ¡ Qué le importaba ganarse todo el mundo… si al fin…!
El 20 de marzo de 1533 murió su hermana Magdalena. Murió como una santa. Xabier nunca la había Visto. Pero estaba muy en contacto con ella. Fue ella la que insistió ante Miguel, señor de Xabier, en que no dejara de enviar a Francisco lo que necesitara pues “esperaba que Xabier sería una columna de la Iglesia”. Quizá Francisco estaba informado de esta opinión de su hermana.

El ambiente de París era muy tenso. El discurso rectoral de Cop en la inauguración de curso (1 noviembre 1533) había sido una apología de la reforma. Calvino andaba cerca. Francisco I lamentaba que en la capital de su reino hubiera prendido la herejía. Pero vuelto a París en abril del 34… nada hizo. Los acontecimientos de octubre del 33 y de enero del 34 comprobaron los riesgos de que Iñigo había liberado a Xabier.

Xabier vivía ya otro clima. A parte de Fabro conocía ya a Diego Laynez, a Salmerón, a Bobadilla, a Rodríguez. Nada importaba a Xabier que fueran castellanos o portugueses. Estaba ya por encima de todo ello. Xabier entró decididamente en el grupo. Tenían ya sus planes secretos. Definidos, evangélicos. Xabier leía los textos evangélicos, a San Pablo… Tenía envidia de aquellos “amigos en el Señor” que habían ya hecho los Ejercicios…

Xabier estaba ya totalmente integrado en el grupo que Iñigo se había formado. Tal había sido el plan de éste cuando salió de Salamanca a París: “Estudiar primero y ajuntar algunos del mismo propósito”. Iñigo era maestro en Artes desde el 14 de marzo de 1534. Tenía ya compañeros; compañeros “del mismo propósito”. Justamente habían dedicado numerosas reuniones a definir y concretarlo. Desde luego irían a Jerusalén. Una vez allí habrían de ver si sería mayor servicio de Dios quedarse allí a trabajar entre infieles, o volverse a Europa y ponerse a disposición del Papa. Si resultase imposible la peregrinación… irían a Roma y se pondrían a disposición del Papa.
El acuerdo… no fue fácil. Las dificultades quedan reflejadas en las varias relaciones. Xabier fue en la posterior historia, quien, tal vez, mejor plasmó en su vida los propósitos de París.

Montmartre ( 15 de agosto de 1534). Fabro acababa de celebrar su primera misa (22 de julio). El sería ahora quien en la “capilla de los Mártires” celebraría la misa. Ante él se reunieron los otros seis compañeros: Iñigo (43 años), Xabier (28, como también Fabro), Bobadilla (25), Rodríguez (24), Laynez (22) y Salmerón ( 19). Uno tras otro los “compañeros” poniéndose de rodillas ante Fabro, quien tenía en su mano la Hostia Santa; y prometieron al Señor pobreza, castidad, peregrinar a tierra Santa; y en caso de volver de allí o de no poder ir, obedecerían al Papa para cualquier misión. Fabro fue el último en hacer el voto. Luego, reunidos en torno a la fuente de San Dionisio, tomaron su desayuno. Allí pasaron el día. Caía ya el sol cuando descendieron a la ciudad.

El mes de Ejercicios. (Setiembre de 1534). Xabier había cumplido su periodo de tres años y medio en la Regencia. Durante 30 días se retiró en setiembre a una casa solitaria, a solas con Dios. Iñigo le visitaba periódicamente para ayudarle en su experiencia de Dios, darle orden del día, el orden los ejercicios, moderarles en sus penitencias… Y especialmente para ayudar a Xabier en la discreción del movimiento de espíritus en orden a descubrir la voluntad de Dios sobre él. El “encuentro” de Xabier con María, con Cristo -el Cristo del castillo de Xabier con su dolor y con su sonrisa- fue definitivo. Para siempre. El librito de los Ejercicios había de ser el libro de su vida. Iñigo sería para Xabier el “padre de su alma”, su “padre in Christi visceribus único”…

La despedida. Iñigo estaba mal. No podía continuar en París. Necesitaba volver a su tierra. Sus propios compañeros le recomendaban que se fuera. Iñigo partió montado “en un pequeño caballo que los compañeros le habían comprado, y se fue solo hacia su tierra”. Era principios de abril de 1535. Fabro quedaba al cargo del grupo. Se habían citado para principios de 1537 en Venecia.

Xabier tenía ya una idea definida hacia el futuro. Le llamaba Cristo el Sumo Capitán de los Buenos, y estaba decidido para ir debajo de su bandera a predicar ya exhortar. Lo haría en grupo, con sus “compañeros”. Como todos los demás del grupo, Xabier se dedicó a la Teología. También Iñigo, en cuanto recuperara sus fuerzas, se dedicaría a la Teología, tal vez en Bolonia, donde se había doctorado el doctor Jassu. Fabro sustituía a Iñigo. Era el padre del grupo. Era especialista en dar los Ejercicios. Los “compañeros” se veían con frecuencia. Intercambiaban impresiones.
Uno de los actos más densos, durante esta estancia en París, fue la subida a Montmartre por la fiesta de la Asunción, a la capilla de los Mártires, para en ella renovar la “promesa de Jerusalén” hecha el año 1534.

En 1535 al grupo del 34 se añadió uno más: Claudio Jayo, de cerca de Ginebra, ordenado sacerdote en marzo de 1528. En 1536 se añadieron otros dos más: Pascasio Broet, nacido en Betrancourt (Picardía), sacerdote desde 1524; y Juan Codure, francés meridional de cerca de Montblanc. Los tres habían hecho los Ejercicios bajo la dirección de Fabro. También ellos hicieron la “promesa” de Jerusalén.

La vida de París era cada vez más tensa. Se extendía la herejía. Francisco I retiró a Beda, campeón de los católicos; promulgó un perdón general a los herejes, y se estaba en negociaciones, desde junio de 1535, para traer a París a Melanchton. Hacia 1534 habían aparecido por París, acompañando al Rey, embajadores turcos. Su presencia era impresionante. Xabier los observó. El Rey estaba en negociaciones con el Gran Turco. Xabier soñó una noche que secuestraba él un niño turco y lo bautizaba.

Los planes del grupo… sufrieron una alteración. Había estallado la guerra entre Francisco I y el Emperador. El grupo estaba entre dos fuegos, pues en él había súbditos del Emperador y súbditos del Rey.

Formalizaron todos la situación académica. Varios de los compañeros aun no tenían el diploma de maestros. Todos ellos necesitaban un certificado de estudios de teología: solía ser igual para todos, se certificaba año y medio de curso, aun cuando hubieren sido más los cursos efectuados. Todo listo para la salida.

En el último momento Xabier recibió un comunicado de Pamplona. Se le había otorgado el reconocimiento de nobleza e hidalguía. Había sido elegido para una Canonjía, vieja aspiración del “antiguo” Xabier. El “nuevo” Xabier tenía otros planes, Xabier agradeció al doctor Remiro de Goñi, mayordomo del cabildo catedralicio… y renunció. Salieron el 15 de noviembre.

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ITALIA

Hicieron alto en Venecia, Javier se hospedó en el Hospital de los Incurables. Velaba a los enfermos, les curaba las llagas, enterraba a los muertos y enseñaba la doctrina cristiana a los niños.

Después de dos meses en el servicio del hospital, el grupo de los peregrinos se encaminó hacia Roma. Querían obtener la ordenación sacerdotal y el permiso para evangelizar Tierra Santa. El camino se hizo, como siempre, a pie, pidiendo limosna, iba apareciendo el fruto del apóstol. Laínez, el futuro teólogo de Trento, no pudo un día contener las lágrimas al sorprender a su compañero, mendigando en la más humilde actitud. Le emocionó el comparar su pobreza y porte externo con el talento y erudición que le venía de París y su universidad.

Pablo III les recibió con gran benevolencia pero les dijo que no habían de llegar a Jerusalén. No había nada que hacer. Al poco tiempo estalló la guerra entre el Turco y Venecia. La peregrinación a Tierra Santa fracasaba. Pero los descubrimientos portugueses abrían un mundo, ya vislumbrado en las primeras horas de París.

Javier fue ordenado sacerdote. El obispo que confirió las órdenes sagradas parecía tener buena intuición. Dijo que nunca había sentido tanta alegría como en aquellos momentos. Estrenó su sacerdocio sin prisas. Se retiró a una choza de Monselice, junto a Padua, haciendo un retiro de cuarenta días junto a Salmerón. Más tarde en Vicenza su primera misa.

Sin rumbo fijo, de hospital en hospital, parecía que nunca arrancaría de Italia. Ni un pasaje para Tierra Santa. Javier permaneció en Bolonia, en la misma ciudad donde su padre había obtenido el doctorado. Contra todas las previsiones tampoco arraigará aquí. “Yo le traté íntimamente en Bolonia -decía Jerónimo Domenech- y el tema constante de sus conversaciones eran la India y la conversión de los infieles; parecía tener la intuición de su apostolado”.

Pero, de momento, hay que quedarse en Italia, en Roma. Javier, muchas veces enfermo, es retenido junto a Ignacio como secretario, mientras los demás compañeros se desparraman por otras ciudades. Durante dos años fue secretario, algo nada conforme con sus sueños y pesadillas. Su gestión coincidió con un período extraordinario de estudio y deliberaciones sobre el futuro de aquellos hombres a las órdenes de Ignacio. Y, por fin, el 27 de septiembre de 1540 el Papa Paulo III aprobó el Instituto de la Compañía de Jesús.

Aquel puñado de hombres se lanzó sobre Europa. En pocos días salieron para Italia, Alemania, Suiza e Inglaterra. Carlos V los pedía para las Indias Occidentales. Juan III de Portugal los reclamaba para sus tierras de Oriente. El embajador de Portugal, Pedro de Mascareñas, pedía exactamente seis misioneros para las Indias Orientales. Ignacio le replicó: “Jesús, señor embajador, si de diez que somos reclamáis seis para las Indias, ¿qué va a quedar para el resto del mundo?” Irán sólo dos: Simón Rodríguez y Nicolás Bobadilla. Fijaron la partida para el 16 de marzo. Dos días antes cayó enfermo Bobadilla.

Hubo que sustituirlo a toda prisa. Javier ocupó su lugar. Bastaron veinticuatro horas para decidir el porvenir del mayor misionero de los tiempos modernos.

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VENECIA (1536-1537)

Antes de salir de París vendieron cuanto tenían. Se quedaron con lo indispensable. Eso sí los libros: Bobadilla llevaba su grueso volumen de extractos tomados de la Escritura y de los Santos Padres.

En Meaux, a 45 kilómetros de París, fue el primer reencuentro de los 9 compañeros. Tuvieron una deliberación común: continuarían a pie su viaje a Venecia, de acuerdo con lo ya decidido en París. Llevarían consigo el dinero necesario para el itinerario. Seguirían todos juntos.

Tres órdenes de dificultades se les presentaron en el camino. El mal tiempo, tiempo de nieve en pleno invierno -noviembre a enero- cuando debían atravesar Alsacia y Lorena, Suiza y la zona alpina de Italia. La segunda procedía de la situación bélica; se pusieron de acuerdo en que ‘al pasar por las zonas francesas darían la cara los franceses o los de habla francesa, entre estos destacaba Xabier: era un Jassu y había estado once años en París. Cuando pasaron a territorio del Emperador, serían los súbditos de éste quienes afrontaran las situaciones. Aun en terreno neutral -Lorena- tuvieron dificultades, pues de hecho, el país estaba invadido por tropas beligerantes. La dificultad más amarga fue el paso por territorios que habían abandonado el catolicismo. Escenas duras y amargas: fiestas por un párroco que se casaba, iglesias abandonadas y convertidas en corrales; discusiones, ironías, amenazas, burlas… De todo hubo. Los “Maestros de París” se mantuvieron firmes y serenos. Adelante.

Rezos y cantos, conversaciones apostólicas, celebración de la misa por parte de los sacerdotes, comuniones, confesiones… mucho sacrificio de todo orden… Ese fue el itinerario de este grupo extraño: contrastaba su andar difícil, su atuendo pobre… con su carga de libros, con su conversación culta, con su comportamiento digno y sereno…

Iñigo les esperaba en Venecia. Llevaba allí ya más de un año. Había intentado estudiar teología en Bolonia, pero no le iba bien. Estudiaba ahora en Venecia: para Iñigo fueron cosa muy seria sus estudios para ayuda de las ánimas. A este encuentro con el grupo de París, el 8 de enero de 1537 -al que se habían incorporado tres más- se refirió Iñigo en célebre carta: “De París llegaron aquí, mediado enero, nueve amigos míos en el Señor, todos maestros en artes y asaz versados en teología, los cuatro de ellos españoles, dos franceses, dos de Saboya, y uno de Portugal, los cuales todos, pasando por tantas afrentas de guerras y caminos largos a pie y en la fuerza del invierno, entraron aquí en los hospitales, divididos para servir a pobres y enfermos…”. (Carta del 24 de julio de 1537, desde Venecia).

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SACERDOTE (1537)

Venecia era para Iñigo y sus compañeros “puente” para Jerusalén. Pero no una espera inactiva. Cierto que los “compañeros” se habían adelantado, y sorprendido a Iñigo. Lo convenido era que salieran de París hacia el 25 de enero, con lo que llegarían a Venecia en marzo. Fue la guerra la que precipitó los acontecimientos. Ahora ya.., al trabajo, excepto el propio Iñigo que continuó sus estudios de Teología: también él había conquistado a uno más, a Diego Hozes, Bachiller, andaluz; era ya sacerdote. Con Iñigo estaban también dos navarros, los Eguía de Estella. También apareció de nuevo Landívar.
Tras una consulta, en vista de que hasta junio o julio no habría barco, se dedicarían por el momento a los enfermos en los hospitales. Luego irían a Roma a solicitar el permiso para Jerusalén. Cinco se alojaban en el Hospital de San Juan y San Pablo. Otros cinco, en el de Incurables. Fabro con Xabier, Laynez y otros dos fueron al de Incurables.

A mediados de marzo los “compañeros” pensaron ya llegado el tiempo para desplazarse a Roma, donde celebrarían la Semana Santa. Iñigo se quedaría en Venecia dedicado a sus estudios.

El 12 de marzo emprendieron el camino a Roma. Llevaban sus libros, pero iban sin dineros ni provisiones, fiados en la bondad de Dios. Al anochecer del Domingo de Ramos, 25 de marzo, llegaron a Roma. Se distribuyeron por los varios hospitales. Xabier se fue al de San Giacomo degli Spagnuoli. El 3 de abril fueron recibidos por el Papa en audiencia. Habían corrido noticias acerca de los “Maestros de París”. Hubo una discusión teológica ante el Papa. Xabier intervino. El Papa otorgó las gracias pedidas: licencia para Jerusalén, y letras “dimisorias” para la ordenación de los que todavía no eran sacerdotes, Xabier entre ellos. A principios de mayo salieron para Venecia; con malas perspectivas de viaje a Tierra Santa. En Venecia participaron según costumbre en la procesión del Corpus (31 de mayo).

Dos prelados se ofrecieron a ordenar a los “compañeros”. Hicieron éstos en manos del legado pontificio, los votos de pobreza y castidad. El 10 de junio recibieron las órdenes menores. Eran siete los que se ordenaban: Ignacio, Xabier, Rodríguez, Laynez, Salmerón, Bobadilla, Codure. Recibido el 15 el subdiaconado, el 17 el diaconado; finalmente, el día 24, fiesta de San Juan Bautista, el Presbiterado, Salmerón todavía no, por falta de edad canónica. Se conserva el documento legalizado en que consta la ordenación de estos “compañeros”.

Acordaron retirarse un largo tiempo, en que prepararse a la celebración de las Primeras Misas. Xabier se fue con Salmerón a una capillita de Monselice. Cuarenta días de oración, soledad y penitencia. El 15 de agosto renovaron los votos de París. Vueltos luego a Venecia se juntaron en Vivarolo.

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ROMA (1537-1538)

Iñigo seguía con atención el proceso político internacional. Venecia, los Turcos, el Emperador, Persia… todo se agitaba y resultaba claramente imposible la peregrinación a Tierra Santa.

Todos los “compañeros” se juntaron en el ruinoso Monasterio de San Pedro de Vivarolo. Un encuentro cordial en que hubo mucho que referir de experiencias apostólicas y espirituales. Lo primero… los ordenados presbíteros por San Juan celebrarían su primera misa: Iñigo quería esperar un año. Rodríguez quería cumplir los tres meses de preparación. Salmerón debía cumplir su edad. Xabier, poco después de haber llegado, quizás el día mismo de San Miguel – 30 de septiembre- celebró su primera Misa.

Iñigo convocó reunión de todos los “compañeros”. Xabier y Rodrígues estaban enfermos. Punto primero: hasta el verano siguiente, al menos, no habría perspectiva de peregrinación. ¿ Qué hacer? Solución: se repartirían por las universidades principales del norte y centro de Italia: a ser posible habrían de ganarse nuevos compañeros. Xabier y Bobadilla irían a Bolonia. Iñigo con Fabro y Laynez irían desde luego a Roma. Punto segundo: ¿ Qué responder a quienes les preguntaran a qué grupo o Congregación (=Compañía=) pertenecían? Ya en 1535 había Iñigo dicho a su sobrino en Loyola que pensaba fundar una compañía. “Compañía” si, pero ¿quién seria el Jefe o Cabeza de esta nueva compañía? Terminantemente, no tenían otro Cabeza ni otro Superior sino a Cristo, sólo a El deseaban servir. Iñigo propuso sin lugar a duda la respuesta, dirían que pertenecían a la COMPAÑÍA DE JESÚS. Todos de acuerdo.

Xabier llegó a Bolonia a fines de octubre; era la ciudad donde su padre el doctor Jassu había logrado aquel diploma, que tanto acariciaba Xabier en el castillo durante los tristes días de Maya y Fuenterrabía. Tuvo especial devoción en celebrar misas en el sepulcro de Santo Domingo. Se dedicó al apostolado: confesiones, visitas a presos y hospitales, socorro a los pobres… Su ideal era: “Sacerdotes pobres de Cristo” por muy “Maestros de París” que fueran. Se notó la presencia de estos “sacerdotes reformados”. Xabier siempre llamó la atención por su devoción en la celebración de la Misa. Sobre todo, cuando la celebraba en honor de la Pasión de Cristo. Cuántas veces recordaba al Cristo del castillo.

En la primavera del 1538 murió Hozes. Xabier, en sus andanzas apostólicas en Oriente, tuvo siempre especial devoción en encomendarse a los que de la Compañía hubieren muerto. Hozes fue el primero. Murió piadosamente en Padua.

Bobadilla hubo de marchar a Ferrara. Xabier siguió solo. Pero pronto, reunido con Jayo y con Bobadilla, que venían ya de Ferrara, hacia otoño se pusieron todos en camino hacia Roma. Se habían agotado todos los plazos marcados en el voto de Jerusalén. Quedaba la otra alternativa. Roma.

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EL VICARIO DE CRISTO (1538)

Xabier caminaba con dificultad. La enfermedad pasada en Bolonia había sido enervante. La cuartana había dejado su huella. Pero caminaba. Entraron los cinco peregrinos por la Porta del Popolo, y poco después estaban ya en la Viña y Casa de Campo de Quirinio Garzonio. Era hacia el 21 de abril. En casa, a la espera… estaban, Iñigo, Fabro y Laynez. Estos quedaron espantados al ver las huellas de la enfermedad en el físico de Xabier.

En el intercambio de impresiones, Fabro y Laynez contaron a los recién llegados algo muy extraordinario ocurrido a Maestro Iñigo en La Storta -Xabier había pasado junto a la ermita sin imaginárselo -. Cristo tomaba a Iñigo a su servicio. Desde entonces Iñigo no pensaba en otro “Cabeza” del grupo que no fuera Cristo.

Comenzaron los trabajos apostólicos. La casa era estrecha. Pasaron a Ponte Sisto. El alquiler caducó el 30 de septiembre. Pasaron a otra… Nada menos que al palacio de Frangipani, cedido a los compañeros. Pasaba la casa por embrujada; nadie quería vivir en ella. Era octubre de 1538.

Pero los acontecimientos en torno a aquella informal “Compañía de Jesús”… iban muy de prisa. Iñigo y sus compañeros eran acusados de herejes. Así lo promovió por una parte Fray Agostino de Piemonte, célebre predicador al que solían escuchar Iñigo y sus dos compañeros. Estos comprobaron errores en sus prédicas, y decidieron denunciarlo. La reacción fue la de un ataque contra todos los Compañeros, a los que tuvo en vilo durante ocho meses enteros sin dejarlos respirar. En mayo fueron acusados de herejes. En ello andaba metido nada menos que el antiguo criado de Xabier, Miguel de Landíbar y otros más.

Iñigo decidió dar la cara y afrontar las acusaciones. El Papa volvió de Niza el 24 de julio. Iñigo logró que llegaran al Papa sus deseos de que se llegara a sustanciar el proceso de herejía. Volvió a insistir. El Papa manifestaba claramente su propio juicio acerca de la rectitud de aquellos Maestros de París. Iñigo no se conformaba: quería sentencia judicial, pues se trataba ya de todos los “compañeros” y de “su modo de proceder”. Iñigo logró hablar a solas con el Papa: explicó sus intenciones, pero también los largos procesos a que había estado sometido desde Alcalá. El Papa accedió. El Cardenal Conversini reasumió el proceso. Y el 18 de noviembre de 1538 se publicó la favorable sentencia definitiva. Eran nombrados uno a uno los compañeros, también Xabier entre ellos.

El Papa había insinuado que bastante “misión” tenían en Italia sin ir a Jerusalén… Una vez dictada la sentencia, se presentaron al Papa para ponerse a su disposición para que él los “enviara” como Vicario de Cristo.

El 25 de diciembre Iñigo celebró su Misa ante el Pesebre.

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EL FUTURO PROVINCIAL DE ORIENTE (1539-1540)

Nos es difícil saber qué intuía Iñigo en Xabier. Había sido, eso sí, la conquista más difícil de cuantas lograra con los Ejercicios. Pero ya Xabier había sentido la llamada a “conquistar todo el mundo”; se experimentaba, en su profundidad, escogido entre tantas personas que el Señor de todo el mundo escoge y “envía” por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos los estados y condiciones de personas. Como se lo reconocía Xabier a su hermano Juan de Azpilcueta, si alguien en el mundo, era Iñigo quien conocía las intimidades de Xabier.

Iñigo lo retuvo a su lado. Venían ahora los momentos decisivos en que la “Compañía”, ese grupo “informal” todavía de “amigos en el Señor”, iba a tomar su “forma” y constituirse en “cuerpo” permanente.

1. Las deliberaciones de la primavera de 1539 fueron decisivas. Xabier tomó parte en ellas. La ocasión fue creada por el Papa Paulo III: de acuerdo con el ofrecimiento a él hecho por los “compañeros” en noviembre del 38, comenzó a disponer de ellos. Con ello, vino la dispersión del grupo. Con ello, surgió la pregunta decisiva: ¿ se separaban definitivamente ? ¿ Se, mantendrían unidos? Primera respuesta: formarían un cuerpo. Segunda pregunta: dentro de ese cuerpo ¿habría de ser prestada obediencia a uno del grupo ? La respuesta no fue fácil. Las deliberaciones duraron semanas. Respuesta final: habría obediencia, aun siendo conscientes Iñigo, Xabier y demás compañeros, de que con ello venían a constituir en realidad una nueva orden religiosa. El 15 de abril prometieron todos, en una solemne Eucaristía, profesar obediencia, si el Papa aceptaba sus propósitos. Tomados estos acuerdos, comenzó la dispersión de los que habían recibido “misión” del Papa. Xabier siguió junto a Iñigo.

De mayo a junio siguieron las deliberaciones. Conservamos los acuerdos tomados con el titulo de “Determinationes Societatis”. Para en adelante, quedó firme el acuerdo de que las decisiones serían tomadas por mayoría con un margen razonable de previa reflexión. Xabier veía así, no solo el nacer de la Compañía, sino la conformación interior de un “cuerpo” constituido, y vivo por la animación de los Ejercicios. Xabier era cofundador con Iñigo y los demás compañeros.

2. El siguiente paso fue el de proponer al Papa la “intención” de la naciente Compañía. Iñigo fue el encargado de redactar los Cinco Capítulos fundamentales de la “Compañía de Jesús”. Fue un trabajo de “colaboración” entre todos los presentes. Sin interrumpir la vida de apostolado, Iñigo y sus compañeros tuvieron preparada la “fórmula” en pocas semanas: todo estaba ya muy pensado. Fabro, Laynez, Coduri y Bobadilla estaban ya en “misión” pontificia. Xabier seguía con Iñigo. En esta primera Fórmula del Instituto se afianzan ya los puntos fundamentales de la Compañía, incluido el voto de especial obediencia al Sumo Pontífice, sustancialmente acordado en Montmartre el 15 de agosto de 1534, también Xabier había tomado parte en él. Los “Cinco Capítulos” fueron cuidadosamente revisados por Iñigo, Xabier y demás compañeros presentes en Roma.

Entre fines de junio y principios de julio fueron confiados al Cardenal Contarini, para que éste se los presentara al Papa. Paulo II mandó examinarlos. Fue el Dominico Tomás Badía el encargado de la revisión. Tardó un par de meses. Los calificó de santos y piadosos.

Iñigo se valió de Araoz, incorporado ya a la Compañía, para recoger en Roma el dictamen de Badía y demás documentos, y hacerlos llegar al Papa que se encontraba en Tivoli. El Cardenal Contarini acompañaba al Papa. El Cardenal leyó a Paulo II los Cinco Capítulos. El Papa los aprobó “vivae vocis oráculo”, de viva voz ante el Cardenal: esto tenía verdadero valor jurídico. Era el 3 de septiembre de 1539. El Cardenal se lo comunicó el mismo día a Iñigo. El Papa había ordenado que el Cardenal Ghinucci, secretario de los breves pontificios, redactase el correspondiente documento.

Providencialmente, el futuro Provincial de Oriente -quien en aquellas lejanías habría de crear, gobernar, difundir y conservar la Compañía- había vivido la gestación de la Compañía -desde Montmartre hasta la aprobación oral de Paulo III-. Conocí las intimidades de ella, las que ahora tenían constancia en la “Fórmula del Instituto”, y mucho más, las que eran vida en la intimidad personal de Iñigo.

Secretario de la Compañía. Los “compañeros”, al abandonar Roma, tomaron el acuerdo de que cuantos permanecieran en Italia habían de escribir a Roma una vez cada semana. Desde el 20 de junio de 1539 Xabier actuó como Secretario de la Compañía. Lo débil de su salud le retenía en Roma. Todo era providencial. Xabier era el Primer Secretario de la Compañía. Iñigo y Xabier parecían inseparablemente unidos.

¿Sucedería a Iñigo? Es cierto que Iñigo pensó en 1551 renunciar al Generalato: que Iñigo y Xabier querían volver a verse… Y que Iñigo escribió a Xabier en junio de 1553 -sin aun tener noticia de la muerte de éste- que se viniera a Europa, a Portugal, tal vez a Roma. Ya para la gran reunión de 1550 tanteó la posibilidad de que Xabier viniera a Roma. Fue voz común que Iñigo, viéndose enfermo y sin fuerzas, pensaba en Xabier como un sustituto suyo. Cuando le ordenó venirse, ya antes le había indicado que mejor fuera para el servicio divino que Xabier, quedándose en la India, enviara a otros a China o Japón. Razón de Iñigo: “de esta manera haréis en muchas partes lo que por vuestra persona haríais en una”. Esta razón era muy válida para que Xabier hiciera desde Roma en todas partes lo que “solo” en Oriente hacia.

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JESUITA EN MISIÓN (1540)

Maestro Ignacio y todo su entorno vivía la tensión de las dificultades que en la Curia vaticana surgieron en torno a la esperada aprobación de la Compañía. Ignacio hizo ofrecer tres mil misas por esta intención. Xabier su Secretario seguía toda la gestión, interesaba a cuantos pudieran influir…

Entre tanto el embajador de Portugal, don Pedro Mascarenhas actuaba con Ignacio, y sobre todo con el Papa, en orden a que varios jesuitas fueran enviados en “misión” por Paulo II a las Indias Orientales. Lo ordenó el Papa; y serían enviados los que Ignacio señalara. Fueron señalados Simón Rodrígues y Nicolás Bobadilla: eran los deseados por el embajador. El grupo de compañeros, antes de separarse, tomaron sus disposiciones de modo que pudieran ser continuados los trabajos en orden a su nuevo modo de proceder. También Xabier firmó el documento: Franciscus. Rodrígues entregó escrito y sellado su voto para la elección General, y salió hacia Portugal.

Al embajador le urgía su vuelta a Portugal. El 11 de marzo se despidió de Paulo III. Pero… Bobadilla seguía enfermo. El único “disponible” en esta urgencia era… ¡ Francisco de Xavier ¡ Iñigo estaba enfermo en cama: “Bobadilla no puede ir, el embajador no puede esperar a que sane: esta es vuestra empresa”. “Pues, sus! heme aquí’. No hizo falta más.

Xabier e Ignacio vivían unidos: desde octubre de 1529 hasta abril de 1535 habitaban una misma habitación en Santa Bárbara. Reencontrados en Venecia a principios de 1537 , no habían vuelto a separarse; el contacto era continuo. En Roma, desde 1538, de nuevo habitaban la misma casa… Eran diez años de absoluta entrega mutua; habían llegado a plena identificación.

También Xabier formalizó sus decisiones para el futuro. ¡Y salió! Era el 15 de marzo. Iba en la comitiva de Mascarenhas. Pasaron por Loreto. La Semana Santa (27 de marzo a 1 de abril) en Bolonia: cuántos recuerdos para Francisco. Allí recibió dos cartas de Ignacio; una de ellas para Beltrán de Loyola, señor de Loyola. Módena y Parma…, Lyon, Avignon… camino impreciso para nosotros. Por Fuenterrabía entraron en junio hacía Loyola. En Loyola entregó Francisco la carta de Ignacio para su sobrino Beltrán. Ignacio presentaba al portador de la carta: “Maestro Francisco Xabier, navarro, hijo del señor de Xabier, uno de nuestra Compañía, es el que esta lleva, el cual va por mandado del Papa…”. Francisco se detuvo unas horas, pudo celebrar su misa en el Oratorio del palacio… El embajador tenla prisa. Por Azcoitia y Vergara subieron a la altiplanicie castellana. Burgos, Valladolid, Salamanca, Ciudad Rodrigo… y Portugal. “Muchos y continuos fueron los beneficios que Christo nos hizo viniendo de Roma para Portugal”, escribió Maestro Francisco al Padre Ignacio y a Maestro Bobadilla. Era a fines de junio cuando entraron en Lisboa.

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LA INDIA

Lisboa con su corte y sus influencias, estuvo a punto de cortar el rumbo misionero de Javier… Los reyes le querían retener a toda costa. Pero, entre otras razones, Javier era nuncio apostólico, y debía partir.

La salida de las naves para las Indias Orientales era un acontecimiento nacional. Las penalidades del viaje, largo e incierto, determinaban preparativos inacabables. Los navegantes hacían testamento y se confesaban. Una inmensa muchedumbre concurría a la despedida.

Zarparon cinco galeones de la armada portuguesa. La nave Santiago era la capitana. Mandaba la armada el nuevo virrey de las Indias don Martín Alfonso de Sousa. Era el 7 de abril de 1541. Javier cumplía aquel mismo día 35 años. Partió sólo. Simón Rodríguez quedó en Lisboa.

El viaje se hizo con todas las dificultades de entonces. Javier estuvo durante dos meses mareado. Luego vino la calma chicha del Golfo de Guinea. Los víveres se corrompían y agusanaban, el agua se pudrió. La gente, como un gran rebaño inmóvil, yacía en la bodega. El cuadro ganó en terror cuando apareció la peste.

Javier recibió tremendas impresiones al llegar a la India. La ciudad de Goa era otro mundo distinto de todo lo soñado. “Aquí, más que infieles hay malos cristianos”, dice en una carta. Se fue al hospital, luego vivió en una ermita, más tarde se metió entre los leprosos, y finalmente, se echó a la calle agitando una campanilla: “Fieles cristianos, amigos de Jesucristo, enviad vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros esclavos y vuestras esclavas a la doctrina cristiana, por el amor de Dios”.

Sus campanillazos en calles y arrabales cambian la cara de Goa. Juega partidas de dados entre maleantes, mendiga de puerta en puerta para enfermos y los presos, va a las prisiones “las más asquerosas y las más sucias del mundo”.

Javier recorrió después la costa de la Pesquería por más de dos años. Marchaba a pie, un poco de arroz era su alimento, y dormía en cualquier choza miserable.

El mayor sufrimiento era el de no saber expresarse en malabar. A pesar de ello, fueron muchos miles de bautismos lo que distribuyó en las costas de la Pesquería. Los brazos se le cansaban de tanto bautizar. Eran los días de sus mayores triunfos. La semilla arraigó hasta el día de hoy.
Javier creó una institución modernísima, impensable en su tiempo, de catequistas que hicieron de aquella maravillosa tierra una floreciente cristiandad. Todavía hoy los paravas se llaman a sí mismos “los hijos de San Francisco Javier”.

En la noche, abrasados los pies por las calientes arenas, la boca reseca a fuerza de recitar las mismas verdades, las manos cansadas de tanto bautizar, se encerraba en sí mismo, rezaba. En el punto más avanzado del Cabo Comorín se enseña todavía el lugar donde lo hacía.

Grandes sectores de la India meridional fueron evangelizados por Javier, algunas veces con conversiones en masa. Los reyes quedaban ganados por su simpatía y le concedían autorización para predicar libremente el Evangelio. El rey de Travancor, ordenó que se pregonase a tambor batiente y “se obedeciese al gran padre, hermano del gran rey, como si fuese el mismo rey”, y concedió a los pescadores makúas plena autorización para convertirse al cristianismo con toda libertad.

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DE LISBOA A GOA (1541-1542)

Los reyes Juan III y Catalina -la infanta Catalina de Austria, tan conocida por Ignacio en Tordesillas- esperaban ansiosos a los dos enviados de Maestro Ignacio. La conversación fue larga e intima. Preguntaron mucho sobre los comienzos de la Compañía, sobre las persecuciones… Esto último alarmó a Francisco, bien conocedor como Secretario que fuera de lo que esto pudiera suponer. Inmediatamente escribió a Roma, que se enviase una relación de ello al rey. Ignacio lo hizo.

Lisboa era para Francisco un espléndido observatorio apostólico. Portugal abarcaba media tierra. Desde el Brasil, en el Occidente, hasta el Congo y la costa de África: desde Persia y las Indias, hasta China y las Molucas… Xabier veía ante sí, casi al alcance de las manos, ese mundo infiel en que tanto pensara desde que Cristo le llamó en Ejercicios.

Peligró su vocación entre infieles. Los lisboetas los llamaban a él y a Simón los “Apóstoles”. Querían que se quedaran en Lisboa. Ignacio, consultado sobre ello, sugirió la solución: Francisco, iría a las Indias, Simón se quedaría en Lisboa.

Xabier fue nombrado, por Breve Pontificio, Legado Pontificio en el lejano Oriente. Cuando en noviembre acompañaban los “Apóstoles” a los reyes en Almeirín, llegó un mensajero. Traía una “nueva” ansiosamente esperada sobre todo por el “Secretario de la Compañía”. Paulo III había confirma- do el 27 de septiembre de 1540 la Compañía de Jesús con la Bula “Regimini militantis Eclesiae”.
A comienzos de 1541 comenzaron los preparativos para el viaje a las Indias. Todo resuelto, el 7 de abril de 1541, el día mismo en que Xabier cumplía sus 35 años, la flota de la India Oriental levó anclas junto al Convento de Belén.

Aventura… a bordo del Santiago. Toda clase de sacrificios se acumulaban sobre las naos. Francisco nada eludió, todo lo aceptó. Sin escalas en torno al continente africano. Tras cinco meses alcanzaron en septiembre Mozambique. Xabier contactó allí con el oriente portugués. A fines de febrero de 1542 zarparon de la Isla; en marzo escala en Melinde, y luego en Socotora…; a principios de mayo divisaron ya las costas de la India. La madrugada siguiente apareció Goa, la capital de la India portuguesa. Era el 6 de mayo de 1542 cuando Xabier pisó por primera vez el suelo de Oriente.

Recién embarcado Francisco en Lisboa… fue elegido General el P. Maestro Ignacio; tras repetidas renuncias, aceptó finalmente el resultado: desde el 19 de abril de 1541 era ya General por unanimidad; también el voto de Francisco había contado. El día 22 de abril hicieron los compañeros su primera profesión solemne en la Basílica de San Pablo. Lo que más deseaba Francisco lo dice en carta autógrafa: “Os rogamos nos escribáis muy a largo de las cosas que allá os pareciere, acerca del modo que debemos tener entre los infieles…”.

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LAS INDIAS… Y MÁS ALLÁ (6 de mayo de 1542 al 3 de diciembre de 1552)

Estas palabras “las Indias… y más allá” fueron inspiradamente formuladas por el P. Maestro Ignacio, cuando éste, el 10 de octubre de 1549, extendió las “letras patentes”, por las que a Francisco nombraba Prepósito Provincial “de cuantos viven bajo la obediencia de la Compañía en las Indias y en otras regiones trasmarinas, sujetas al serenísimo rey de Portugal, y más allá”. En este “más allá” se encerraba con toda precisión uno de los enormes pasos dados por Xabier en la evangelización del mundo. El “más allá” alcanzaba al Japón y a China… esas nuevas tierras de evangelización descubiertas por Xabier.

1. El Nuncio Apostólico. Paulo III, por su Breve del 27 de julio de 1 541, le nombró -junto con Simón Rodríguez- “Nuncio suyo y de la Apostólica Sede” en las regiones desde Cabo de Buena Esperanza hacia Oriente.

Xabier no planeaba hacer uso de esta dignidad, aunque de ella dio cuenta en Goa en su primera visita al Arzobispo; si bien le comunicaba que no haría uso de sus facultades sin previo conocimiento del Prelado.

De hecho, como Legado Pontificio se presentó con toda majestad en Yamaguchi al Daymio o Señor. Así era conveniente para el servicio del Señor. Y otro tanto planeaba hacer al presentarse al “rey de China” para el cual también llevaba magníficos presentes.

No llegó a China… pero hizo uso de sus facultades al verse impedido por Álvaro de Ataide a realizar su proyecto apostólico sobre China. Ataide fue amonestado por obstaculizar la Legalización de Francisco. Se resistió. Ante ello, Xabier le fulminó la excomunión, y tuvo interés en que las iglesias de Oriente lo conocieran.

Aparte de esto, sobre la conciencia de Xabier gravaba la misión que le había confiado el Sumo Pontífice.

2. “Enviado” del Sumo Capitán de los buenos. En este “envío” o “misión” se cifraba la espiritualidad y la apostolicidad del jesuita Xabier. Lo había vivido intensamente, en su voto de Montmartre, en sus Ejercicios con Iñigo, en su oblación a Paulo III en noviembre de 1538, y, finalmente, en la designación con que Ignacio, por encargo expreso del Papa, le señaló para la “misión” de las Indias.

Xabier vivió su apostolado en íntimo contacto con los Ejercicios. Se han realizado ya estudios especializados para comprobar en los escritos de Francisco las muchas referencias, explícitas o implícitas, a los Ejercicios. Llevaba consigo sus apuntes del texto ignaciano.

El caso de Xabier se describiría más tarde en las constituciones, en la redacción final, de 1552 con estas palabras: “repartiéndose en la viña de Cristo para trabajar en la parte y obra de ella que les fuere cometida; ahora sean enviados por orden del Vicario Summo de Cristo. N. Sr. por unos lugares y otros…, ahora ellos mismos escojan dónde y en qué trabajar, siéndoles dada comisión para discurrir por donde juzgaren se seguirá mayor servicio de Dios N. Sr. y bien de las ánimas” /603/.

Tal fue el caso de Xabier. Ya lo largo de su “misión” hubo tres momentos “fuertes” en que debió escoger por si mismo dónde y en qué trabajar.

a) La “misión” a “Indonesia” se le planteó como posible campo de apostolado en 1545. La cuestión apostólica era, si Xabier debía mantenerse encerrado dentro de los límites de la India; o irse al nuevo campo apostólico, que se le abría hacia Oriente. Este fue el fondo de la profunda deliberación, en discreción de espíritus, junto a la tumba de uno de los “Doce”, Santo Tomás, durante los meses de abril-agosto de 1545.

b) Al cumplir esta “misión” tuvo noticias de las nuevas tierras descubiertas en el Japón. Era una nueva parcela de la viña del Señor. Surgió la inquietud apostólica: ¿ habría que atender a aquella viña ? Las preguntas eran varias: se iba al Japón, o no se iba; de ir, iría él mismo o mandaría a otros… Tal era el problema apostólico que en su corazón llevaba en su retorno a la base de Goa (1548-9). Decisión: iría él mismo al Japón.

c) En el Japón tuvo noticias del influjo que China ejercía sobre las grandes “universidades” del Japón. ¿ No sería conveniente ir a China, y afrontar de raíz la evangelización de estos dos inmensos pueblos? El regreso desde Japón hacia Goa… fue una continua discreción espiritual… Se iría a China… Iría él mismo. Tal fue la deliberación y decisión durante su nuevo retorno a la base de Goa en 1552. En ruta hacia esta nueva “misión”, se encontró con el Rey y Señor universal del mundo, que le llamaba…, ahora le llamaba a que le siguiera a la gloria, a este Xabier que con tanto amor había querido seguirle en la pena.

Vemos así con entera claridad el esquema de la vida apostólica de Xabier. No fue un aventurero, un impulsivo, ardiente, audaz… Seguía el movimiento del Espíritu.

3. El Superior-Provincial de la Compañía. Eventualmente recogeremos vivencias íntimas de Xabier como miembro de la Compañía; de esta Compañía a cuya fundación con tribuyó él con los otros “Compañeros”, cuya aprobación solemne por Bula tan ansiosamente esperó junto a Ignacio; y a la que tan íntimamente conoció junto al Padre como Secretario General de la Compañía.

Xabier conocía lo fundamental de la Compañía: había asistido a todo el proceso de “gestación” desde Montmartre hasta las deliberaciones de 1539 en Roma; colaborado con Iñigo en la redacción de los “Cinco Capítulos”, aprobados de viva voz por Paulo III; elaborado la nueva redacción de la F6r- mula del Instituto y participado en la formulación de las primeras Determinaciones y de los primeros borradores de las Constituciones. Se comprueba, paso a paso, la extraordinaria fidelidad de Francisco en la vivencia del “modo de proceder” de los jesuitas en el campo concreto de las misiones vivas. Examínese el “fin de la Compañía”, enunciado en la “Fórmula” de la Bula del 27 de setiembre de 1540, y encontraremos en Xabier un cumplidor exacto de tal fin, ya en su conducta personal, ya en su actuación como Superior.

Como Superior y como Provincial cuidó de modo llamativo el intercambio de informaciones entre la India y Europa, tanto -donde aparte del rey estaba el P. Simón, quien hasta 1549 era su Provincial- como Roma. A su vez Xabier ansiaba noticias de Europa tanto de Roma como de Lisboa. A S. Rodríguez rogó una vez que le escribiera tan largo que necesitara tres días para leer la carta. De Roma quería saber lo fundamental de la Compañía; y muy en concreto, las nuevas que hubiera sobre los antiguos compañeros de París.

Se le plantearon dos problemas fundamentales:

a) Defensa de la identidad de la Compañía. La experiencia que de la Compañía tuvo los meses que estuvo en la India entre la vuelta del Japón y el embarque para China fue decepcionante. Sufrió al ver lo ocurrido en el Colegio de Goa, la indisciplina y desobediencia, casos de escándalo. Le fue muy doloroso dimitir a no pocos.., pero fue totalmente necesario.

Urgió cuanto pudo, ya con los de Roma y los de Lisboa, y a los Superiores de la India la selección del personal que llegara a las misiones, de quienes fueran admitidos en la Compañía… Una lectura cuidadosa de la correspondencia nos hace comprobar que Xabier seguía uno a uno a todos y cada uno de los jesuitas, los tenía a todos presentes, para encomendarlos, gozarse con ellos y tal vez para corregirlos. Son muy de ponderar las instrucciones que dejó al P. Barceo al salir hacia China.

b) Continuidad de la Compañía. Dos observaciones de signo contrapuesto.

Con dolor escribió a Ignacio ( 12 de enero de 1549): “Por la experiencia que tengo de estas partes, veo claramente, Padre mío único, que por los indios naturales de la tierra no se abre camino como por ellos se perpetúe nuestra Compañía; y que tanto durará en ellos la cristiandad, cuanto duraremos y viviremos los que acá estamos, o de allá mandáredes; y la causa de esto es las muchas persecuciones que padecen los que se hacen cristianos, las cuales serían largas de contar”.

Tras el viaje al Japón escribía al P. Ignacio (29 de enero de 1552):

“Porque la tierra de Japón es muy dispuesta para se perpetuar la cristiandad entre ellos, todos los trabajos que se toman son bien empleados” porque entre todas las tierras descubiertas de estas partes, sola la gente de Japón está para en ella se perpetuar la cristiandad, bien que esto ha de ser con grandísimos trabajos”,

c) Nuevo campo de apostolado; el universitario. Xabier recibió hondo impacto en el Japón al observar lo que las universidades influían en todo el pueblo. Propiamente eran monasterios, pero era en ellos donde se impartían las enseñanzas que constituían el ideario del pueblo japonés, en lo social, en lo moral, en lo religioso. Conocedor de que la ideología japonesa procedía de China, le pareció indispensable acudir ala raíz.

Desde este punto miraba a Europa, a la vida universitaria de París y a otros centros. Quizás recordaba al doctor Navarro”…

Xabier fue quizás el primero que tuvo profunda intuición de cuanto las alturas ideológicas efectúan, cual lluvia mansa, descienden a las tierras “bajas” de la base.

El 28 de junio de 1553 escribió Ignacio a Xavier. Este había ya muerto, Ignacio venía a reconocer, que el Provincial realmente había gobernado la Compañía en la India y “más allá”. Ahora “hemos entendido la puerta que Dios ha abierto a la predicación de su evangelio y conversión de las gentes en Japón y la China por vuestro ministerio”. “Si vos mesmo habréis ido a China (donde decís tenéis ánimo de ir, si no os estorban las cosas de la India), lo tendré por bueno, persuadiéndome que es la eterna sapiencia la que os guía”.

Ha de valorarse el enorme alcance de esta frase, cuando sabemos que por este tiempo, 1553, acababa de escribir Ignacio lo que se llamó Proemio de las Constituciones, lo que en el orden cronológico era el Epílogo de ellas: “La suma Sapiencia y Bondad de Dios nuestro Criador y Señor es la que ha de conservar y regir y llevar adelante… esta mínima Compañía de Jesús”.

Esa “eterna sapiencia” había guiado a Xabier.

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MISIÓN A LA INDIA MERIDIONAL (1542-1545)

Goa impresiona a Francisco. Se pone en contacto con el arzobispo Fray Juan de Alburquerque. Vive en el hospital. Trabaja como apóstol: atrae su atención el Colegio de San Pablo, llamado también de Santa Fe. Así… siete meses. Por fin, el 20 de setiembre de 1542 emprende su primera “misión”. Pesquería ( 1542-1543). Pasando por Cochín se encamina al oriente de la India meridional. En la costa de Pesquería hay unos 30.000 Paravas, pescadores de perlas. Hay entre ellos tradición cristiana vinculada a la memoria de Santo Tomás. Han pasado por la costa misioneros franciscanos. Pero es menester consolidar la obra: Xabier inventa nuevos métodos de catequesis. En octubre del 43 regresa a Goa, donde recibe consoladoras nuevas de Europa: Confirmación de la Compañía; Ignacio nombrado General; la profesión de sus compañeros. También él hace su profesión… A fines del 43 está de nuevo entre los Paravas. Este segundo año fue difícil: tuvo que defender a sus cristianos: se los perseguía y violaba, eran esclavizados. Entran los guerreros Badagas: Xabier dio la cara ante los jefes; los Paravas se refugian en islotes, Francisco organiza socorros… Pero, lo inesperado: uno de los Rajahs ofrece a Xabier la entrada en Travancor. Xabier nunca olvida a los Paravas: Punicale, Manapar, Tuticorin… son nombres asiduos en las cartas de Xabier.

Cabo de Comorín-Travancor ( 1548). Xabier se informó de que los Badagas atacaban también a los cristianos de Comorín: fue a animarlos; y hacia julio Francisco volvió a Manaspar, pues los Badagas atacaban ahora allá. El rey de Travancor solicitaba la amistad del “Gran Padre”. Cuando en noviembre de 1544 Francisco visitó al rey de Travancor el “Gran Padre” fue autorizado a trabajar en su apostolado. En un solo mes bautizó hasta 10.000.
Ceílán ( 1544-1545). Xabier estuvo en Colombo, Ceilán, en enero de 1544 para visitar en Kotte al rey Bhuvaneka Bahu. Prometía mucho… pero nada resultaba. Se fue entonces a Punnaikayal, Pesquería, desde donde, durante 1544, se dedicó a organizar toda aquella misión. Pasando por Travancor a principios de 1545 vino a Cochín: allí se informó del martirio de 600 cristianos en Manar (Ceilán). En Kotte el rey había hecho matar a su heredero lugu, a punto ya de hacerse bautizar. Había que estar atento a los problemas de Ceilán.

Pero… en Cochín había tenido Xabier sensacionales noticias provenientes de muy lejos, de Makassar, en las islas Molucas, del Moro… los relatos de Antonio de Padua eran para Xabier voces de llamada desde la lejanía.

Pasando de nuevo por Colombo (abril de 1545) subió ala costa India, a Negapatam. Necesitaba vigilar los acontecimientos de Ceilán. Sobre todo necesitaba reflexionar, discernir aquella voz que venía del más allá…

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ORACIÓN JUNTO AL APÓSTOL (de abril a agosto 1545)

Francisco necesitaba reflexionar, descansar, orar. Los vientos no le llevaron al Cabo de Comorín, como proyectó. “Entonces fue forzado venir a Santo Tomé”. Con esta ex-abrupto emocional comenzaba desde Meliapur su carta de 8 de mayo de 1545 dirigida a Goa.

Buscó su retiro para orar y reflexionar junto a la tumba de Santo Tomás -¡ uno de los “Doce”! – en Meliapur. A Francisco le revenía su vivencia profunda de Montmartre, de los Ejercicios en París. No había podido ir a Jerusalén, para ser “enviado” desde allí como los “doce”: “enviado” en misión por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas. De Europa había venido al Oriente, “enviado” por el vicario del Sumo Capitán de los Buenos. Era enviado especial del Papa para todo Oriente.

Había organizado la evangelización de la India Meridional. Pero… quedaba mucho “mundo”. “Mi voluntad es de conquistar todo el mundo”.
No le bastaba la India. “En esta santa casa – la iglesia sepulcral del Apóstol Santo Tomás – tomé por oficio ocuparme en rogar a Dios Nuestro Señor me diese a sentir dentro de mi alma su santísima voluntad, con firme propósito de cumplirla, y con firme esperanza que dará el ejecutar quien haya dado el querer”. (8 de mayo de 1545).

La vida de Francisco en contacto con uno de los “doce” fue vida de oración. También hizo su apostolado. Pero su “oficio” era como el de los Ejercicios de París: el de buscar y hallar la voluntad de Dios: ¡Qué hacer! ¡Una “elección”!

Xabier oraba también de noche. Como “de guardia’ su criado malabar solía dormir a la puerta de la capilla en que oraba al Padre. Oyó gritar al P. Francisco una y más veces: “¡Señora! y Vos ¿ no queréis ayudarme?”. Y se oían golpes… durante largo rato. En las cercanías estaba una colina donde según la tradición había sido martirizado Santo Tomás: había un recuerdo de ello, se veía una cruz cincelada en piedra. Lugar visitado por Xabier. También había una ermita dedicada a Nuestra Señora de Meliapur. Allí acudía Francisco como en otros tiempos a Santa María de Exabierr.

Cuatro meses de oración. Discernimiento espiritual. Penitencia.

“Quiso Dios, por su acostumbrada misericordia, acordarse de mí; y con mucha consolación interior sentí y conocí ser su voluntad, fuera yo a aquellas partes de Malaca -Macassar- donde nuevamente se hicieron cristianos, para darles razón y doctrina de nuestra santa y verdadera fe…”. “Tengo tanta fe… que, aunque de esta costa no fuese este año navío ninguno, y partiese un catamarán, iría confiadamente en él, puesta toda mi esperanza en Dios”.
La “misión” de Francisco no se limitaba a la India. Era todo Oriente, más allá, más allá… hasta donde llegara el Reino de Cristo.

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LAS MOLUCAS

Se embarcó en septiembre de 1545 para Malaca. Sólo había de regresar tres años y medio más tarde. Javier trabaja allí como en Goa: campanillazos bajo las palmeras. Malaca aventaja a Goa en señales y milagros; testimonios en esta ciudad hablan de predicciones, exorcismos y curaciones repentinas.

El 1 de enero de 1546 partió para las Molucas, pasando de una isla a otra del inmenso archipiélago.

Por la bahía de Amboino Javier entró en tierras de Oceanía. Hizo una capilla de palmas, y se adentró en las montañas en busca de los alfures. Estos indígenas escondidos a nadie se franqueaban.

Javier trepó riscos y escaló sierras; cayó por barrancos y se hundió en lagunas pantanosas. Cuando llegó a sus poblados los halló vacíos. El instinto les retraía a las cavernas. En esta ocasión se valió del canto para franquearse los pueblos de los alfures. El gusto musical típicamente navarro no le abandonó jamás. Ensayó estrofas con sus catequistas se hacía oír con su magnífica y recia voz en lengua malaya, y los alfures abandonaban sus cuevas. Recorrió las siete cristiandades de Amboino. Luego fue saltando de isla en isla repitiendo incansable las piezas de su repertorio.

En una embarcación de vela y remo llegó a Ternete, la última posición de los portugueses en el Extremo Oriente. La traducción de Javier de su catecismo rimado hizo furor: “Era de manera, dice Javier, que en Maluco, por las plazas los niños y en las casas de día y de noche, las niñas y las mujeres y en los campos los labradores, en lugar de vanas canciones cantaban santos cantares, como el Credo, Padrenuestro, Avemaría. Mandamientos, Obras de misericordia y la Confesión General y otras muchas oraciones, todas en su lenguaje, de manera que todos las entendían, así los nuevamente convertidos a nuestra fe como los que no1o eran”.

La reina de Ternate aprendió las canciones de Javier y también lo hizo su hijo y heredero. La reina Neachila Docaragua, fanática mahometana, se convirtió con gran emoción popular en ferviente cristiana. Tomó en el bautismo el nombre de Isabel y, a pesar de grandes persecuciones, perseveró cristiana fiel hasta la muerte.

Quedaban aún las famosas islas del Moro. El archipiélago era famoso por todas las crueldades. Hacía más de doce años que ningún sacerdote se había atrevido a arribar a sus costas. Sus predecesores habían muerto a mano de los isleños.

Los cristianos de Ternate trataron de disuadirle: “Muchos de mis amigos y devotos procuraron conmigo que no fuese a tierra tan peligrosa; y viendo que no podían acabar conmigo que no fuera, me daban muchas cosas contra ponzoña”.

Javier el intrépido, desembarcó ante los feroces habitantes del archipiélago y predicó el Evangelio. “Esta cuenta os doy, decía, para que sepáis cuán abundosas islas son éstas de consolaciones espirituales, porque todos estos peligros y trabajos voluntariamente tomados por sólo amor y servicio a Dios Nuestro Señor, son tesoros abundantes de grandes consolaciones espirituales, en tanta manera, que son islas dispuestas y aparejadas para un hombre en pocos años perder la vista le los ojos corporales con la abundancia de lágrimas consoladoras”.

Quiso bautizar las islas y cambiarlas de nombre. “Mejor sería llamarlas Islas de ‘esperar en Dios’, que no islas del Moro”.

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MISIÓN A INDONESIA (1545-1547)

Esta fue una “misión” de carácter marcadamente exploratorio. Pero el resultado fue sorprendente: El Sumo Capitán de los Buenos le indicaría durante esta “misión” otra y otra… hasta “conquistar todo el mundo”. Las relaciones epistolares de Francisco nos dan información completa.

Malaca (1545). “De la India escribí largamente de mí, antes de que partiese para los Macasares, donde se hicieron dos reyes cristianos. Ha mes y medio (escribe el 10 de noviembre) que llegué a Malaca, donde estoy esperando viento favorable para ir a los Macasares”. En Malaca conoció a Diego Pereira. En Malaca redactó también una instrucción para los catequistas de la Compañía: en Malaca estuvo de setiembre a diciembre.

Amboino ( 1546). Estuvo de enero a junio. “En esta isla hallé siete lugares de cristianos… Después de haber visitado todos estos lugares llegaron ocho navíos de portugueses…”. Por estos mares perdió su crucifijo en una de las enormes tormentas: un cangrejo se lo devolvió.

Ternate-Moro (junio 1546-junio 1547). “Determiné de partir para otra fortaleza del rey, llamada Maluco, y es la última de todas… De la otra costa de Maluco está una tierra la cual llaman El Moro”… “Habrá muchos años que hicieron grande número de cristianos, los cuales, por muerte de los clérigos que los bautizaron, quedaron desamparados y sin doctrina”. “Estas partes de Maluco todas ellas son islas, sin ser descubierta hasta ahora tierra firme. Son tantas estas islas que no tienen número y casi todas son pobladas”. “Mejor es llamarlas islas de esperar en Dios que no islas de Moro”. “Después de visitar todos los lugares de cristianos…, torné otra vez para Maluco (Ternate), donde estuve otros tres meses”. “En estos seis meses que estuve en Maluco se hizo mucho fruto”. “Acabada la cuaresma partí de Maluco para Malaca”. “Dejé ordenado cómo todos los días se continuase la doctrina cristiana en la iglesia, y una declaración que en breve hice sobre los artículos de la fe”…

Malaca (1549). “En Malaca desde principios de julio estuve seis meses”. “Tuve muchas ocupaciones”. “Estando en esta ciudad… a primeros de diciembre me dieron grandes nuevas unos mercaderes portugueses… de unas islas muy grandes, de poco tiempo a esta parte descubiertas, las cuales se llaman islas de Japón, donde, según ellos, se haría mucho fruto en acrecentar nuestra fe, más que en ninguna parte de la India”. “Vino con estos mercaderes portugueses un japones, llamado Angeró… Pregunté a Angeró, si yo fuese con él a su tierra, si se harían cristianos los de Japón…”. “A un mercader portugués… (el capitán Álvarez) le rogué que me diese por escrito alguna información de aquella tierra y de la gente de ella, de lo que había visto y oído… El me dio esta información… la cual os envío” dice a los de Roma.

A mediados o fines de diciembre partió de Malaca.

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RETORNO A LA BASE: GOA (1548-1549)

De Malaca despegó hacia la India: unos días más tarde, en otra nave, despegaron los tres japoneses llegados allá: Angiró y los otros dos, que se bautizarían en Goa. Francisco no hablaba con ellos sino de las posibilidades de cristianizar a Japón. Llegado a Cochín ( 13 de enero 1548), escribió enseguida varias cartas dando cuenta de cuanto en su viaje de Indonesia ocurriera. Pero adelantaba ya el “proyecto Japón”, la gran “llamada” que en sí sentía hacia aquellas islas. Escribió a Ignacio, a su “Padre carísimo”: “Aun no he resuelto definitivamente si yo mismo iré al Japón con uno o dos de la Compañía después de año y medio; os enviaré por delante a dos de los nuestros: lo cierto es que iré o enviaré a otros. En la actualidad estoy inclinado a ir yo mismo. Pido a Dios que me inspire con toda claridad lo que sea más de su agrado…” (20 de enero). A Juan III: “Yo, Señor, no estoy del todo determinado de ir a Japón, más va pareciendo que sí” (20 de enero).

“Año y medio” en la “base”: Francisco se proponía dedicarse año y medio a la India. Cada vez parecía más preocupado por el proceso del cristianismo en la India. Desde Cochín visitó Pesquería, donde reunió en Manapar a los Padres y dejó una instrucción para los Padres que allí trabajaban. De regreso, pasó por Cochín y fue a Goa: Goa era la gran base misional para Xabier. Había que examinar todo el proceso de evangelización. Reforzar el espíritu misional. Orientar la acción… De Goa hizo un viaje a Basain. A su regreso se interesó sobre todo por la consolidación del Colegio de Santa Fe. Había jesuitas nuevos, algunos desconocidos para Xabier: trataba con todos como verdadero Padre y Superior.

Por Pentecostés se bautizaron Pablo de Santa Fe (Angeró), Juan (su hermano) y Antonio (su criado). Xabier seguía instruyéndose sobre el Japón. Tenía tomada la decisión…

El 4 de septiembre llegó la nave San Pedro de Lisboa. Venían cuatro jesuitas; otros cinco llegarían en La Gallega, uno de ellos sería Rector de Goa.

En octubre volvió a sus Paravas, para regresar rápidamente a Cochín y recalar en Goa. Aun vuelve a Cochín para fundar un colegio.

Numerosas cartas escritas desde Cochín: es ya enero de 1549. A Ignacio escribió el 12 de enero de 1549: “Determiné de ir a esta tierra (Japón) con mucha satisfacción interior… Yo no dejaría de ir a Japón por lo mucho que tengo sentido dentro de mi alma…”.

Todo estaba decidido: volvió a Goa, había problema con el nuevo Rector. Hubo de destinarlo a Ormuz. Pero… no se realizó. Prevalecieron las resistencias. Era ya la despedida de Javier. Se iba al Japón.

A mediados de abril salió de Goa; y con escala en Cochín, dirigiéndose a Malaca. Hacía año y medio que salió de Malaca.

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JAPÓN

Javier partió luego para el Japón misterioso. Iba en calidad de embajador. El día 15 de agosto Javier llegaba a Kagoshima.

“El día de San Miguel hablamos con el duque de esta tierra y nos hizo mucha honra, diciendo que si era la ley de Jesucristo verdadera y buena, que le había de pesar al demonio con ella. De ahí a pocos días dio licencia a sus vasallos para que todos los que quisiesen ser cristianos que lo fuesen”.

Un año permaneció en Kagoshima y no convirtió más de cien personas. Sin embargo, estaba contento.

Hizo viajes interminables por el Japón, en busca de los grandes señores, por caminos blancos de nieve. Después de una travesía, ocultos en el fondo de una barca, Javier y sus compañeros se deslizaron durante seis días por la nieve desde Hakata hasta el estrecho de Simonoseki.

“Transidos de frío no encontrábamos abrigo alguno; no pocas veces entumecidos por la nieve, caíamos postrados en los montes. Pobres extranjeros, mal trajeados, nos despreciaban los mesoneros, nos burlaban los chicuelos, nos perseguían a pedradas”.

“Nada -sigue Juan Fernández-, nada en derredor nuestro podía darnos la menor distracción”. Con dos líneas más este andaluz compañero de viaje pintó el mejor retrato de Javier, superior a todos los de los pintores. Sobre la nieve el apóstol en actitud orante. “No levantaba los ojos, no miraba ni a derecha ni a izquierda; tenía sus brazos y manos inmóviles; sólo sus pies se movían con sosiego. Todo el exterior reflejaba la íntima presencia del Señor y su ferviente adoración y acatamiento”.

Javier enfermo llego a Sakai. Tenía una recomendación para un comerciante muy poderoso, se agregó a su comitiva como mozo de espuelas, cuidando de los caballos en las posadas y penetró en la ciudad de Meaco.

Toda su estrategia era en ir a visitar al emperador del Japón, convencerle y obtener de él la autorización para predicar el Evangelio. Pero en el palacio de Go, Nere-Teeno, era difícil entrar. No le recibían. Se plantó días y días a la puerta del palacio, pero no consiguió nada.

Cartas de Roma le reclamaron de pronto rápidamente a Goa. Cosme de Torres y Juan Fernández se quedaron. Javier partió, pensando volver con más gente, después de haber anunciado el Evangelio en China.

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MISIÓN A JAPÓN (1549-1551)

El 31 de mayo de 1549 llegó a Malaca. Poco antes de embarcar ya hacia Japón, escribía a Juan III: “Por la mucha información que tengo de la grande disposición que hay en las islas del Japón… determiné pedir a Dios nuestro Señor que me hiciese tanta merced que, siendo más servicio suyo de ir a estas partes, me diese a sentir dentro de mi alma su santísima voluntad, y fuerzas para perfectamente cumplirla. Quiso su divina Majestad darme a sentir dentro de mi alma, que era servicio suyo que yo fuera a Japón, y así partí de la India, para cumplir lo que Dios Nuestro Señor muchas veces me dio a sentir acerca de ir lo a servir a Japón”. A los cuatro días de escribir estas líneas Francisco salía al Japón.

Agosto 1549-octubre 1550. Kagoshima. Primeros contactos con una civilización enteramente nueva. El idioma, las cortesías. Muy bien acogido por la familia de Pablo. Anjiro traduce al japonés un resumen de la fe cristiana. El 5 de noviembre envía sus primeras cartas. El hermano Fernández se ha iniciado ya en el japonés y puede valerse.

Setiembre-diciembre 1550. Yamaguchi. Camino hacia Miyako, se detiene en Yamaguchi: ciudad importante. Pero no resulta la predicación ‘por las calles”. Ocho días antes de Navidad abandonó Yamaguchi.

Miyako-Kyoto. El camino fue emprendido por tierra con enormes sufrimientos por el duro invierno. Un budista compasivo les dio una recomendación para un mercader de Sikai (Sakai, ndr), quien los asoció a la caravana de otro rico mercader que iba a la capital: Xabier y sus dos compañeros hubieron de seguirlos a la carrera. La estancia en Miyako fue una total desilusión. El rey era inaccesible.

Marzo-setiembre 1551; Yamaguchi. Pasando Sakai y Firando (mediados de marzo), llegaron, a fines de mes, a Yamaguchi. Aquí significaba más el daymio que el mismo rey. Francisco decidió visitarle, pero a nivel de Legado del Papa de Occidente: sus mejores galas, los presentes preparados en Malaca para el rey… El señor de Yamaguchi Ouchi Yoshitaka recibió al Legado con todos los honores. Le ofreció dádivas de oro… Xabier renunció a todo: sólo quería ser autorizado para predicar. Lo obtuvo. Cuando Francisco dejó Yamaguchi apenas se habían conseguido 500 cristianos.

Setiembre-noviembre 1551; Bungo. Se extiende el renombre de Xabier. Es invitado por el señor de Bungo. Los portugueses del puerto recibieron a Xabier con salvas… Otomo Yoshishigue recibió a Xabier con todo favor. Estos portugueses traían para Xabier las primeras cartas desde que dejara Malaca. Xabier se alarmó. Como se alarmó también con las noticias que de Yamaguchi le enviaba el P. Torres.

Regreso; 15 de noviembre. La exploración había sido muy provechosa. Era un pueblo extraordinario: ¡ difícil! Los monasterios eran las llamadas universidades: eran el centro ideológico y religioso que orienta al pueblo japonés. Pero estos centros estaban, a su vez, orientados hacia China. ¡Era menester una “misión” a China!

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POR ÚLTIMA VEZ, GOA (1552)

Embarcó el 15 de noviembre hacia Goa. Tras gravísima tormenta, llegaron a Sancián (fines de noviembre); y con Diego Pereira embarcó para Malaca, donde se detuvo un par de días para cambiar de barco: allí encontró abundante correspondencia, que pudo examinar en viaje a Cochín adonde arribaron el 24 de enero. “De fuerzas corporales parecerme que nunca tuve más que las que ahora tengo”, “Estoy lleno de canas” (25 enero).

Provincial de la India. Entre la correspondencia de Europa encontró el documento en que el Padre Ignacio le nombraba Provincial de la nueva Provincia de las Indias: “De la India y otras regiones trasmarinas sometidas al rey de Portugal, y más allá”. Supo también de la Bula de Julio III, quien el 21 de julio de 1550 confirmaba de nuevo solemnemente la Compañía.

Pero había muchas noticias ya en las cartas de Malaca, ya en informaciones recibidas en Cochín, que hicieron que la “consolación que esperaba de los muchos trabajos llevados” se trasformara en asaz de trabajos que le atribulaban.

Goa (febrero-abril). Dos meses intensísimos de trabajo en todos los órdenes. Aparte de la evolución normal y desgaste inevitable en la labor de “implantación de la viña del Señor”, era dentro de la Compañía donde surgían los mayores problemas. El Rector del Colegio de Goa había fallado radicalmente… Era menester sustituirlo y reorganizar el Colegio. Se observaban frecuentes brotes de desobediencia. Incluso había casos de escándalo. No todos los enviados desde Europa eran aptos para la labor misional. Había que urgir toda clase de cautelas en la admisión de nuevos miembros para la Compañía. Y… lo más doloroso, era menester despedir a quienes no servían para la Compañía, o eran indignos de ella.

Todo fue muy duro. De todo informó a Roma, especialmente al Padre Ignacio y al Padre Simón Rodríguez: lo que con más insistencia pedía Xabier era, que enviaran sí sujetos de la Compañía, pero que los seleccionaran bien: los que en Europa estaban de sobra, no eran útiles para la India. Hacían falta sobre todo hombres bien preparados para el Japón. Incluso físicamente preparados; y Xabier se fijaba en los flamencos y los alemanes, capaces de resistir la vida durísima del Japón,..

Xabier pensaba ya en marcharse a China. En su lugar quedar la el Padre Barceo: es importantísima la serie de instrucciones que para él dejó escritas entre el 6 y el 24 de abril: cinco instrucciones, que descubren las extraordinarias cualidades de gobernante que Xabier poseía; dan de él una imagen radicalmente distinta del “aventurero que pasó por tantas partes sin consolidar nada…”.

“En marcha hacia China”. El 17 de abril se despidió de Goa. Pereira iba como embajador ante el rey de China. Francisco como Legado de Su Santidad el Papa. Era la nueva empresa de Francisco para cultivar nuevas parcelas en la viña del Señor. ¡China!

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CHINA

La isla de Sancián era una isla árida, triste, salvaje, tan inhospitalaria como todas las islas de la costa de China. Cuando se descendía a tierra se construían chozas de paja que incendiaban al partir.

Javier había llegado hasta allí después de una nueva odisea. Después de haber dejado consolidadas todas las posiciones de la India, las Molucas y Malaca, había sido traicionado por el hijo del gran Vasco de Gama, Álvaro de Ataide. Le prohibieron el paso y le arrancaron el timón de la nave.

Pudo salir en un junco chino lleno de rostros hostiles. Desembarcaron en la isla y construye- ron las chozas de paja. Nadie quería llevarle a Cantón. La pena de muerte dictada contra todo extranjero desalienta a piratas y contrabandistas. Por fin, uno intentará la aventura, le conducirá en su embarcación y le dejará en la puerta de la ciudad. Aguantó meses esperando la embarcación de este mercader chino.

Cuando los portugueses quemaron sus chozas y abandonaron la isla se sintió enfermo. Los víveres escaseaban. Tendido frente a la costa de China repentinamente se moría entre delirios y fiebres, invocaba a su Dios en vascuence. Un criado chino le acompañaba. Tenía los ojos puestos en un crucifijo. En ese momento el crucifijo del castillo de Javier comenzó a sudar sangre. Le pusieron en la mano un cirio encendido que se extinguió por una ráfaga de aire que pasó por la choza. Entonces, sin una contracción, sin un estertor, su cuerpo quedó abatido. Era el 3 de diciembre de 1552.

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MISIÓN A CHINA (de mayo a noviembre 1552)

Tras un par de días de “trabajo” en Cochín (24-25 de abril), llegó a Malaca a fines de mayo tras una grave tormenta en el mar. En Malaca iba a comenzar la batalla más amarga jamás librada por Xabier.

Malaca (junio-juilio 1552). Xabier se aposentó junto a la iglesia de Nuestra Señora del Monte. Se puso en comunicación con Diego Pereira, haciéndole saber que había sido nombrado embajador ante el rey de China. Don Álvaro de Ataide, de quien todo dependería, cayó enfermo por la peste. Xabier le visitaba…: demasiado sabía cuánto habría que luchar con este hombre. Pereira llegó en su “Santa Cruz”: venía eufórico, había gastado de 4.000 a 5.000 ducados en regalos para el rey de China.

Álvaro de Ataide comenzó, primero a dar largas al viaje de Diego Pereira. Vio se lo fútil de sus excusas. Se desenmascaró: no permitiría que Diego Pereira saliera en su “Santa Cruz” para la embajada.

Nada valió hablarle del rey, que deseaba esta embajada… Nada valió que Xabier, como Legado Pontificio le hiciera ver lo grave de su actitud contra el trabajo de un Nuncio. Xabier lanzó la excomunión contra el capitán general de aquellos mares. Ataide escupió al suelo y frotando con el pie la saliva gritó: “Así me importan las provisiones del rey”.

Todo el plan se hundía. Diego Pereira quedaba arruinado. Xabier era insultado públicamente como borracho, seductor… Pero Francisco no cedió: oía la llamada del Rey Eterno. Se refugió en el barco de Pereira. Aun escribió cartas con sus últimas instrucciones, no perdió el sentido de su responsabilidad.

En ruta hacia China. A mediados de julio embarcó Xabier hacia China. “Dios cuidará de vos y de vuestros hijos”, fue la despedida a Pereira. El 21 de julio entraron de arribada en Singapur. Todavía unas cartas… porque no se olvidaba de sus responsabilidades. También a Pereira escribió: “La pena que de vos llevo… Véngome de los que no son amigos míos, haciéndoles bien… Si Dios me llevare a China, como espero que me llevará, yo diré a los portugueses la obligación en que están con v. m. Vuestro muy gran amigo, Francisco”.

En Sancián (agosto-diciembre). Con buena mar, hacia fines de agosto avistaron Sancián. El barco traía muchos enfermos, con gran trabajo para Xabier. Echaron anclas. Xabier fue recibido con gran alegría por los portugueses allí anclados. A media falda de la colina se construyó una iglesita… Se alojó en la choza de Jorge Álvarez…

En frente… como a solo dos leguas, las cordilleras azuladas de China. Más allá, como a 30 leguas, la gran ciudad de Cantón.

Xabier… solo pensaba en China. Entre tanto trabajaba.

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SANCIAN (3-12-1552)

El cuidado principal de Xabier se cifraba en dar con una Huerta de entrada en China. Dio con un chino, que por veinte quintales de pimienta, unos 200 cruzados, se ofreció a llevarle a Cantón. Francisco cavilaba y cavilaba sobre la forma en que a solas habría de salir adelante en Cantón… Cavilaba y miraba al mar en espera a que llegara el contrabandista chino.

Entre tanto… todos abandonaban a Xabier. Los portugueses se volvían antes del invierno. El hermano Álvaro Ferreira, el intérprete López todos le abandonaron. Se quedó con sólo su criado indio y el chino Antonio.

Aun escribió cartas. A Barzeo escribía aparte de otras instrucciones: “Y por cuanto este viaje de ir de este puerto a China es trabajoso y peligroso, no sé yo qué sucederá, aunque tengo grande esperanza que sucederá bien. Si acaso este año no entrare en Cantón, iré, como arriba dije, a Siam. Y si de Siam para el año que viene no fuere para China, iré a la India, aunque mucha esperanza tengo de ir a China” ( 13 de noviembre). Es la última carta.

Se fueron los navíos.

Xabier se sentía enfermo. En Sancián… silencio y soledad. El 19 de noviembre no llegó el chino, según convenido. Ni el 20, ni el 21…

21 noviembre, lunes. Xabier se ha desvanecido después de misa. Se halla mal. Ha sido su última misa.

22 martes y 23 miércoles. Le trasladan al “Santa Cruz”’. Pero el movimiento del barco le trastorna más. Vuelve a tierra abrasado por la fiebre, le sangran.

24 jueves. Le sangran de nuevo. Delira a ratos. No come. 25-27 noviembre. “En paz y sosiego”… a ratos delira. 28-30 noviembre. Pierde el habla. Nada come. No conoce.

1 diciembre, jueves. Vuelve en sí. 2 diciembre, viernes. Habló a Cristóbal: “Ay triste de ti..:’.

3 diciembre, sábado. A las doce de la madrugada murió suavemente.

Las exclamaciones más frecuentes habían sido: “Jesús hijo de David, tened misericordia de mí”. “Virgen, Madre de Dios, acordaos de mí”. “Iesu, fili David, miserere mei”.

Antonio avisó a los portugueses aun presentes. El Padre yacía en su pobre estera. Antonio trajo del “Santa Cruz”’ lo conveniente para el entierro: se lo haría al estilo chino. Lo revistió con los ornamentos sacerdotales. Lo pusieron en un ataúd al estilo chino. Lo llevaron en lancha alas cercanías de las chozas en que se hallaba el “Santa Cruz”. A los dos meses y medio desenterraron el cuerpo para llevarlo en el “Santa Cruz” a Malaca. El 17 de febrero levó anclas el barco, y atracó en Malaca el 22 de marzo. Diego Pereira se hizo cargo del cuerpo: abrieron el ataúd, y con pasmo, comprobaron su prodigiosa conservación. Fue sepultado, ahora sin ataúd, en el centro del coro de la iglesia de Nuestra Señora del Monte.

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GLORIFICACIÓN DE FRANCISCO DE XAVIER

1554. 16 marzo. Llega a Goa el cuerpo de Xabier: se conserva en la Iglesia de Bom Jesús.

1614. 3 noviembre. Es cortado el brazo derecho y enviado a Roma. Fue traído a España en 1922 (centenario de la Canonización), en 1952 (centenario de la muerte).

1619. 25 octubre. Beatificación por el Papa Paulo V.

1622. 12 marzo. Canonización por el Papa Gregorio XV.

1634. Enero. Nace en Italia la Novena de la Gracia.

1657. Declaración de Xabier como Patrono principal del reino de Navarra.

1748. 24 febrero. Declarado Patrono de las Indias por S. S. Benedicto XIV.

1904. 25 marzo. Pío X le constituye Patrono de la Sda. Congr. de Propaganda Fide y de la Obra de la Propagación de la Fe.

1927. 14 diciembre. Pío XI declara a San Francisco Xabier, juntamente con Santa Teresita del Niño Jesús, Patrono especial de todos los misioneros, hombres
y mujeres, y de todas las misiones existentes en el mundo.

1982. 6 noviembre. Juan Pablo II visita el Castillo, casa natal de Francisco de Xabier.

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BIOGRAFÍAS

Biografía de la Delegación de Misiones de la Diócesis de Navarra.

Biografía elaborada por los jesuitas.

Biografía eleborada por los misioneros javierianos.

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AVISOS

  • Viernes 15 de diciembre: 21:30 horas, preparamos la Natividad del Señor con una Vigilia de Oración de toda la Parroquia en torno a María.
  • Sábado 16 de diciembre: Después de la Eucaristía, Pregón de Navidad a cargo de Jesús Griñán, ágape en el Ayuntamiento.
  • Domingo 17 de diciembre: 17:30 horas, Encuentro de Villancicos en la Parroquia. 18:00 horas, Misa de Bendición del Belén de La Grajuela. 20:15 horas, Concierto de la Coral Patnia.
  • Haremos una ofrenda para adornar la Iglesia: A los niños de Comunión pediremos la flor de Pascua. Pueden depositar su ofrenda en la Sacristía, o también pueden ofrecer lo que ya hemos preparado en la Floristería que adorna este año, que es Floristería Talia.
  • Bingo Parroquial: Se traslada al 18 de marzo víspera del día del Padre.
  • Tenemos a vuestra disposición los nuevos calendarios y los evangelios.
  • Todos los Jueves: Adoración del Santísimo, después de la Misa de la tarde. Grupo de Oración Oasis a las 21:45 h.
  • Todos los últimos Sábados de mes: Adoración Nocturna comenzará a las 19:00 h. con el rezo del Santo Rosario.

HORARIO DE MISAS

LUNES A SÁBADOS
Residencia de San José 10:30
Templo Parroquial 19:30
DOMINGOS Y FESTIVOS
Pozo Aledo 9:30
Templo Parroquial 10:00
Residencia de San José 11:00
Misa de la Familia en el Templo 12:00
La Grajuela (2º Domingos de mes) 18:00
Templo Parroquial 19:30

EVANGELIO DEL DOMINGO

VÍDEO DE LA SEMANA

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